El infinito entretejido de Mary
Una vez, en un rincón de la inmensa trama de universos, vivía una cabra chica llamada Mary. Mary no era una joven ordinaria, en realidad, era todo menos ordinaria. Tenía una mente aguda que eclipsaba a todos a su alrededor, una belleza radiante que cautivaba a quienes la veían, y una habilidad innata para aprender al tiro cualquier habilidad que se le presentara. Pero su verdadera singularidad yacía en un poder que la separaba del resto de su universo: tenía la capacidad de viajar entre los universos infinitos, explorando las innumerables vidas que existían en estos.
Cada día, Mary se mandaba a cambiar a un nuevo universo, viviendo una vida completamente distinta. Podía ser una guerrera espacial en una galaxia lejana, una visionaria en un mundo post-apocalíptico, o una emperatriz en un reino fantástico. La habilidad de Mary para adaptarse a cada nueva vida era bacán, superando cualquier desafío que enfrentara con elegancia y aplomo.
Pese a su poder y habilidades, Mary sentía una soledad que la estaba matando. Cada universo que visitaba, cada vida que vivía, era una aventura, pero ninguna era su casa. En la infinita variedad de vidas, ella anhelaba una constante.
Un día, Mary llegó a un universo donde encontró una versión de ella que había decidido no viajar entre universos. Esta Mary vivía una vida común y corriente, sin poderes ni habilidades extraordinarias. Aunque a simple vista parecía una vida fome y monótona, Mary notó que esta versión de ella misma tenía algo que ella no tenía: conexiones profundas y duraderas con las personas a su alrededor.
Mary observó cómo esta otra ella interactuaba con su familia, sus amigos y su comunidad. Vio los desafíos que enfrentaba y cómo los superaba, no con superpoderes, sino con paciencia, perseverancia y la ayuda de quienes la rodeaban. Aunque la vida de esta Mary no estaba llena de emocionantes aventuras o increíbles habilidades, estaba llena de amor, amistad y un sentido de pertenencia que Mary en su infinita vida había estado añorando.
Al final, Mary volvió a su propio universo, llevándose consigo una nueva perspectiva. Aunque aún tenía el poder de visitar universos infinitos y vivir vidas infinitas, decidió centrarse en construir conexiones profundas en su propio universo. Aprendió que aunque cada vida tiene un valor en sí misma, lo que realmente importa no es cuántas vidas se pueden vivir, sino cómo se vive cada una.
De este modo, incluso siendo una 'Mary Sue', la joven Mary demostró que la perfección y la infinitud no son lo que hace que una vida sea valiosa. Lo valioso radica en nuestras conexiones, nuestras experiencias y cómo las vivimos, sin importar si nuestras vidas son ordinarias o extraordinarias.
