Me identifique totalmente.
Leí una confesión y fue leer mi realidad, incluso creo que puede ser la realidad de muchas colegas que trabajan en educación en la actualidad.
Amo mi profesión, me encanta enseñar, ver esas caritas de asombro frente a cosas tan simples... Pero este año ya es más que caótico, en este país las leyes se crean desde oficinas, con gente que jamás es parte de una sala de clases.
Hoy en mi sala son 35 niños y niñas, 7 estudiantes ya diagnosticados con una necesidad educativa permanente, hacer clases es casi imposible, desregulaciones constantes, gritos, conductas disruptivas, entre otras...
Hablamos de derechos y yo solo veo vulneraciones a los derechos de nuestros niños y niñas, los coeficientes técnicos siguen siendo los mismos, frente a toda la diversidad de nuestras aulas, salas repletas de niños y niñas, con dos o tres adultos.
Faltan especialistas, nosotros somos docentes y si bien por amor a nuestro trabajo, estudiamos, nos capacitamos, esto va más allá de la teoría.
Son los apoyos constantes que debemos recibir, quién te contiene al finalizar el día, de la ardua labor no solo pedagógica, sino emocional.
Hablan de inclusión y se llenan la boca, pero solo para el papel y la foto, nadie se preocupa realmente de las realidades de las aulas.
Y para que hablar de l@s apoderad@s, exigiendo, cuestionando, haciendo más aún intensa la labor docente.
Yo no sé dónde iremos a terminar, pero actualmente siempre la culpa es del docente.
