Aún brillan mis ojos.
Hace años nos divorciamos con mi esposa, tenemos un hijo de 6 años. Tenemos relación de padres y nada más.
Llevamos 2 años divorciados y ninguno de los dos tiene nueva pareja.
El tema es que no he podido olvidar todo lo vivido, cuando la veo me brillan los ojos, siento su voz y se eriza mi piel, mi corazón late como un adolescente, pero lo disimulo.
Ya ha pasado tiempo suficiente pero no he logrado sacarla de mi corazón. Tengo el regalo más preciado y es nuestro hijo, lo adoro y es mi parner. Jamás he tenido problemas por tener el vínculo con mi hijo, tengo plena libertad de estar con él.
Pero mi corazón ya no da más, sé que jamás perdonará mi traición y eso lo entiendo.
Sólo me queda ser buen padre y seguir soñando con la posibilidad de que algún día me perdone.
