Veraneando en el trabajo
En los años cuando estudiaba en la U sufría el síndrome de las vacaciones del universitario pobre como decían algunos en esos tiempos, es decir, mis veranos eran solamente trabajar como perro en algún lado para costearme la matrícula y otros gastos relacionados pues soy de orígenes más bien humildes, sin poder salir a veranear a ninguna parte. Como es obvio, terminando el año académico en diciembre estaba más pato que Donald y no tenía niuno como para escaparme a la playa o la montaña aunque sea un fin de semana. Pasaba enero y febrero literalmente gratinándome de calor, ya que vivo en una ciudad del valle central donde te mamas entre 35 y 40 a la sombra en verano, y la única entretención era ir a un parque o un cerro a tomarse un trago, y algo para la mente también.
Varios compañeros míos llegaban en marzo contando que habían ido a mil lugares (incluyendo el Caribe) y yo lo único que había hecho era laburar. ¿Cómo se financiaban sus paseos? Sepa Moya, es como preguntarse cómo fue realmente el Big Bang o quién mató a Jimmy Hoffa.
Ahora, ya adulto trabajando más o menos en lo que estudié y atendiendo otros negocios personales estoy en la misma: ya se fue enero comenzó febrero y nada, cero tiempo y cero posibilidades para salir a veranear y escapar del infernal calor, punto aparte llevo bastantes años soltero, no tengo hijos y los dos o tres amigos que me quedan ya tienen familia y vidas hechas, y salir solo lo encuentro tan deprimente... o sea, no hay por donde.
Definitivamente la palabra vacaciones, 'veranear' no existe en mi diccionario.
