Fuistes... pero perdistes!
Me reencontré con un compañero del Liceo estando en pareja, una relación de aproximadamente 4 años con un hijo pequeño en común.
Nos juntamos un par de veces a beber unos tragos, y en una de esas oportunidades, pasó de todo con el compañero.
Así, pasaron años llevando una pseudo amistad con beneficios. Hasta que me enganché del compañero.
Con mi pareja “formal” íbamos y veníamos (me era infiel, lo pillaba, terminábamos, volvíamos, y así por el fin de los tiempos).
Hasta que me decidí a contarle al compañero que tenía sentimientos involucrados. El muchacho me correspondió, pero me pidió que lo dejara a él hacer las cosas... no lo vi más... Y tanto sufrí por dios!.
Pasaron unos varios meses... y volvimos a vernos. Comenzamos a frecuentarnos, pero por mi parte, solo con una amistad, ya que estaba muy desilusionada en otro aspecto. A todo esto, mi relación formal seguía parejita (obvio! No me quedaría sin pan o sin pedazo).
Un día equis, el compañero se me declara y me pide perdón por todo lo que me había hecho meses atrás. Que yo era el amor de su vida, la persona con la que quería proyectarse, que le encantaba mi forma de ser y pensar, que se sentía demasiado atraído por mi persona en general (era lo que tanto esperé por años!!!!). Terminé la relación que tenía, y comencé esta nueva relación... feliz!!! Me sentí en las nubes, cómo jamás en la vida!!!!
Un par de años llevábamos de relación, y decidimos convivir. Junto a mi bendición, y el amor de mi vida, nos fuimos a vivir juntos. Armamos un lindo hogar, no nos faltaba nada... y así convivimos alrededor de 3 años.
Pero llegó el 2020, y junto con ello, nuestros problemas (que en realidad no existieron nunca al menos desde mi punto de vista). De un día para otro su amor se esfumó, y decidió irse.
Una vez entregado hasta su último bien, se arrepintió de su decisión, y al otro día muy seguro de su postura.
Jamás pude entender esa ambivalencia, ese desequilibrio sentimental. Mi amor propio fue más grande, y decidí no hablarle más. Me aterraba la idea de que volviera, y nuevamente perderlo.
Conclusión: caras vemos, traumas de infancia no sabemos. Su excusa siempre fue que en terapia le dijeron que tenía problemas con lo formal, con comprometerse. Pero no soy material de los hueones, y no me hago cargo de los traumas.
Aún así, siempre será el gran amor de mi vida.
Fuistes! Pero perdistes (jajajjajja)
