La culpa me invade a veces
Hace un par de meses escribí sobre mi cuñado. Aquél que se colgó en una casucha camino a su trabajo.
Primeramente quisiera agradecer a aquellos que dentro de todo me daban ánimo. Sus palabras fueron reconfortantes, ya que es lo que suelo repetirme una y otra vez; la decisión que tomó él no fue por mí. Dentro de las millones de cosas que pasan por mi cabeza, sin embargo, no puedo evitar que existan días en los que la culpa me invada. Yo lo conocía de niño, jugamos juntos, fuimos al mismo colegio, pasamos fiestas, fuimos grandes amigos y era casi mi hermano.
Para quienes han perdido un amigo cercano, o un pariente importante sabrán de que se trata. Siempre, siempre me carcomerá la duda si es que en todo lo que ocurrió no pude hacer algo más. Algo mínimo que significara una diferencia; a veces me imagino enfrentando a la mina y derechamente sacándole la cresta. Sé que no todo es culpa de ella; él era el responsable, él era quién tenía que velar por su familia y por si mismo. En lugar de eso le dio prioridad a su propio egoísmo, fue irresponsable con aquellos que le amaban y peor, con él mismo.
Pero sigue ahí, el que hubiera pasado, el debiste hacer algo más. A veces creo que es la diferencia entre esa lápida que lleva su nombre y el verlo todos los días cuando me pasaba a buscar a mi casa para irnos a la pega. No importaba que no estuviera con su señora, o que incluso estuviera con esa mina. Era su decisión como adulto solo importaría que estuviera.
¿Que hizo él para creer que esa era su única salida? Yo que lo creía tan inteligente y despierto, y vivaz y alegre, y buena gente. Todo eso se dio vuelta este último tiempo y mi parte egoísta esa que quiere seguir creyendo que él no sabía lo que hacia, claro, la culpa a ella. A ella porque sabiendo que era un hombre comprometido lo busco una y otra vez, a ella porque una vez que lo tuvo no dejó de fastidiar a la antigua señora de mi cuñado, le enviaba mensaje vanangloriándose de su victoria, se interponía en las visitas de mi cuñado a su hijo, lo tuvo gastando todo su sueldo el salidas y regalos caros, exigiéndole para ella lo que le correspondía a su hijo. Eso ahora lo sé, desde que me retiré de la empresa, muchos de sus 'amigos' me han dado detalles de las salidas que ambos tenían; detalles que ella no se guardaba.
Y lo peor, me dicen que está bien, que se ve regia con su hijo -que ya nació- tan linda, tan llena de vida.
Mentiría si dijera no le deseo lo peor, pero también soy madre y lo peor para una madre es que le ocurra algo a nuestros hijos. Es ahí cuando pienso en mi suegra y como es que perdió al suyo.
Mi cuñado pudo haber sido tonto, ingenuo, hueón, hasta maricón... y todo eso se esfuma cuando recuerdo al cabro chico que conocí. Me recuerda que algo bueno tuvo, y que no estaba podrido por dentro. Que en algún momento en su vida no fue egoísta y prefiero quedarme con ese recuerdo, me ayuda a sobrellevar la carga de toda su mariconez y lo inexplicable que esta me resultaba.
Al final renuncié, igual mis jefes consientes de mi estado se paletearon y me dieron la mitad de mi finiquito. Ahora estoy cesante, no busco, solo quiero quedarme un tiempo más en casa, con mi hijo y a sanar, sanar yo y mi marido. Nos hace falta. Nos hace mucha falta.
Gracias a todos.
