Incertidumbre
Soy una mujer de 40, madre de 2 hermosos hijos, profesional trabajadora, y mi situación conyugal no la tengo clara, por eso mi confesión.
Hace 11 años me casé, después de 7 años de pololeo. Siempre desbordamos amor, en todos lados nos decían que éramos una linda pareja, llenos de amor, complicidad y admiración el uno por el otro. Y la verdad no era pantalla, era así como lo vivíamos.
Nos encantaba viajar, ir a conciertos, salir de camping, hacer cosas entretes con amigos en casa, en fin, siempre moviéndonos para hacer la vida más llevadera. Pero vino la pandemia...
A mi esposo le tocó teletrabajar durante dos años, a mi no porque trabajo en salud. Este cambio de roles al principio a mi esposo le gustó, agradeció a la vida la oportunidad de disfrutar a sus hijos, de estar en casa y estar a cargo. Al principio...
A inicios del año pasado, comenzamos a discutir mucho, por todo. En realidad siempre hemos sido intensos, y siempre tuvimos roces de carácter, pero para ambos algo normal, algo con lo que podíamos lidiar. Ahora la cosa era distinta, así que cada uno se hizo cargo, iniciamos tratamiento psiquiátrico (sin terapia), y al menos yo me mantuve equilibrada. Mi esposo hizo el tratamiento por un tiempo, luego lo abandonó. Cada vez lo veía más cansado, estresado en casa, con menos paciencia con los niños y conmigo. Poca iniciativa, poco tema de conversación, y yo, siendo honesta, creo que nunca fui lo suficientemente sensible con el. En lugar de animarlo, lo cuestionaba, le mostraba todo lo que podía hacer (y no hacía) para salir de su estado.
A principios de este año decidió separarse, después de una discusión fuerte. Se fue de la casa. El mundo se me vino abajo, no podía imaginar la vida sin el. Le propuse que hiciéramos terapia de pareja, quizás ya demasiado tarde, pero el ya no estaba dispuesto.
Desde el día que se fue me propuse recuperarlo. Me propuse no ser odiosa. Como no teníamos problemas de infidelidad ni otros temas graves, solo convivencia, me dije y le dije “no seré la ex odiosa, no te pediré las llaves, puedes venir cuando quieras, siempre que me avises. No quiero tenerte rabia, porque no quiero transmitir rabia a mis hijos”.
Se fue a vivir cerca de nosotros. Los llevaba todos los días al colegio, y cuando quería verlos venía a la casa. Así empezamos a acercarnos de nuevo. Con el tiempo, descubrí que así, teniendo cada uno su espacio, estábamos bien, y estuve dispuesta a tener una relación así. Seguimos siendo pareja, monógama, pero en casas diferentes.
Mi problema es que siempre estoy haciendo más que él por los niños. Siento que estoy criando sola. Me tengo que preocupar de todo lo de ellos! Tareas, materiales, colaciones, lavado de ropa, lidiar con sus peleas de cabros chicos, etc. Tratamos de darnos tiempo por separado, cada uno con sus amigos, a veces también en común y a veces también solitos. Pero esto de vivir sola con los niños, a ratos me hace sentir reventada. El cuando siente ganas de estar solo, se va a su casa y listo! Problema resuelto... allá puede hacer lo que necesite sin tener que ser pulpo. Yo no tengo la esa posibilidad.
No lo he querido presionar para que vuelva a la casa, aunque a veces parece que vive aquí. Pero creo que la decisión de regresar debería nacer de él.
A estas alturas ya no sé si estoy tan dispuesta a este tipo de relación. Creo que él se lleva la parte fácil. Tiene mujer e hijos para cuando necesita vida familiar, y para cuando no, tiene su casa. Han pasado meses y no veo que tenga intención de reconsiderar su decisión. Me siento decepcionada y cansada.
Amo su esencia, amaba la relación que teníamos. Me siento plena cuando estamos juntos, pero
no se que hacer. No se si seguir esperando o tomar una determinación más drástica.
