El amigo que no se va
Leyendo las confesiones de cosas para normales quería contar que me pasó a mi.
Hace unos años perdí a mi perrito, el era muy importante para mí, era mi compañero, me sacaba rabias y alegrías, lo era todo. Con mi familia siempre creímos que nos acompañaría muchos años, pero el destino quiso otra cosa y lo perdimos en un accidente.
El me había ayudado a salir de una depresión, por lo cual que el no estuviera cada vez me fui hundiendo más en un hoyo, mi familia me comentaba que hicieramos algo porque mi luz se apagaba.
Un día ya no soporte y decidí acabar y dormir para no despertar, tenía todo listo, las pastillas, estaba sola en casa.
Cuando estaba a punto algo rasguño la puerta, salí a ver qué era y no había nada.
Al volver a mi pieza la tira de pastillas estaba mordida y junto a ellas pelo de perro café, el mismo pelo que tenía mi perrito.
Se que el estuvo con Migo en ese momento y me salvo, me volvió a salvar.
Dónde lo sepultamos en el patio hay una mata de naranjas, y mi sobrino de 3 años siempre pide salir al patio a jugar con el perrito café que está acostado en el naranjo.
No hay día que no lo recuerde y mis lágrimas se asomen, se que el me está acompañando pero me encantaria que el igual descanse, ya los animalitos tienen un alma y amor enorme que dar.
