Reestablecer contraseña

La dirección de correo electrónico está asociada a tu cuenta.

¿Por qué registarse?

Full Confession Control

Actualizar / eliminar o editar tus confesiones.

Notificaciones

Suscríbase para recibir notificaciones por email con las respuestas a tus confesiones.

Publicidad

¿Quieres publicitarte con nosotros? Comienza creando una cuenta.

¿Tienes alguna confesión laboral?

El nombre es opcional o puedes poner un seudónimo si lo deseas.

Reiniciando mi corazón

No sé bien cómo comenzar esto, supongo que explicaré un poco lo que me ha pasado en los últimos días, al menos intentaré explicarlo, porque sigo dándole muchas vueltas en mi cabeza.

A medida que fue pasando el fin de semana, fui sintiendo una incomodidad, no de ti, ni de tu visita, ni de la breve cotidianidad que tuvimos – que además fue muy agradable-, sino fue una incomodidad de conflicto en mis sentimientos para contigo. Evité mirarte cuando quería hacerlo, evité abrazarte cuando sentí que tenía que cobijarte de alguna manera, o quizás yo necesitaba entregar cobijo, en muchos momentos quise tomarte la mano, y yo torpe e intranquilamente me alejé cada vez que pude. El domingo ya no pude ni dormir, el lunes activé el modo automático y partimos a nuestra realidad, en donde cordialmente me dejaste en mi trabajo. Siento que todo sucedió muy rápido, confuso, unos pensamientos que recién a los días han podido decantar, entre mi mente y corazón.

Siempre he pensado en ti con mucho cariño, y es curioso, lo pienso, y siempre ha sido un sentimiento muy fraterno, hasta ahora. Hay algo que me hizo un click en el fin de semana, cosa que no me había pasado.

Soy de la idea que uno debe rodearse de gente que a uno le sume, quien tenga valores similares, en la vida, una afinidad en no sé qué. Cuando te conocí sentí eso, un no sé qué. Y también lo diré sin rodeos, la primera vez que te vi, me fleché al instante.

Como no prosperó algo amoroso, siempre fui de la idea e intención de que mantuviéramos una cercanía, porque como te lo dije incluso cuando nos conocimos, sentí un cariño especial por ti. Aunque creo que sólo te lo mencioné en aquella ocasión, y nunca más, hasta ahora. Sí, te quiero y mucho.

Este fin de semana, fue como revivir de nuevo ese sentimiento, la diferencia es que no pude dejar fluirlo, porque no se trataba de algo fraterno. Me he sentido culpable, porque incluso no es justo que te enteres de todo esto, porque si alguien viniera con esta “historia”, me espantaría, pero intento sacar esto, que al parecer tenía guardado y olvidado hace mucho tiempo. Te advierto que esto lo hago por mí, aunque suene muy egoísta, pero no puedo guardarlo dentro, y olvidarlo una vez más. No sé tampoco qué o cómo me voy a sentir cuando te vea de nuevo, si es que logro verte.

Ha habido un par de momentos, a lo largo de todos estos años que nos conocemos, en que he sentido un atisbo de lo que sentí este fin de semana, pero esos momentos han ido pasando, y creo que, con todo ese tiempo de vivencias, nos hemos convertido en buenas amigas.

Estuve conversando con mi hermano, quien es mi confidente, le intenté explicar un poco lo que he estado sintiendo, y es hasta casi ridículo la inmensa cantidad de detalles que puedo recordar de las veces que nos hemos visto a lo largo de todos estos años. En especial la primera vez que te vi.

Precisamente hoy, he recreado en mi mente, una y otra vez, cuando nos conocimos, ha sido como ver una película desde mis ojos. Iba tan nerviosa viajando a nuestro encuentro, recuerdo que había sido un frío jueves, habían anunciado lluvias durante la semana, andaba abrigada, la calefacción del bus iba al máximo, estaba agitada, no pude cerrarlos ojos ni un minuto. Recuerdo que iba escuchando música, y adelantaba una canción tras otra, no tenía una pizca de paciencia.

Eran cerca de las 4 de la tarde, había llegado al terminal, estabas en el piso de abajo, sacando unas fotocopias de los documentos de la universidad, de los mismos que hablábamos el fin de semana, desde nuestra vida de adultas. Iba bajando la escala mecánica, y te veo, unos brillantes ojitos de tuto debajo de capas de abrigo, simplemente hermosa. Tuvimos un encuentro muy agradable, quería saber de ti, oírte, conocerte, descubriéndote, un sentimiento de emoción y curiosidad.

Tengo nítidas imágenes de cuando estábamos comiendo, de tu sonrisa, muy coqueta, tus labios rojos que me hipnotizaban. Yo estaba tan nerviosa, con los pies inquietos para que pasara desapercibido mi desasosiego, a pesar de que la conversación fluía con naturalidad, mientras bebía una caipiroska, mi trago favorito de aquella época, y tú con una clásica copa de pisco sour. El tiempo corrió rapidísimo, en un abrir y cerrar de ojos eran alrededor de las 8 o 9, tenía que devolverme a mi casa. Tú, amablemente me ofreciste que me quedara en la tuya, y yo accedí, aunque con los nervios a más no poder.

¿Yo te gustaba?

Salimos del restaurant, camino a tu casa, sentía muchas ganas de tomarte de la mano, fantaseaba con eso, pero mi torpeza y timidez me hicieron hacer lo contrario, me bajé a la acera en un momento, porque la calle era muy estrecha y me daba nervios estar pegada a ti, pero tú, me tomaste de un tirón y me subiste en un segundo, nos reímos a carcajadas, nos tomamos del brazo, suspiré y sentí una reconfortante calidez en la fría noche.
Llegamos a tu casa, aunque el plan de un comienzo era salir, pero supongo que la intimidad de tu hogar fue mejor que ir al cine.

Prendimos la tv, para ver alguna película, que la verdad es que lo mejor que mis ojos podrían haber estado mirando, era a ti. Me saqué los zapatos, y ¡LOS PANTALONES! Y me acosté, porque de todas maneras andaba con pantys, no le vi mucho problema a eso, ni tampoco otra intención tenía, o más bien digo, tenía pocas esperanzas de que mi ilusión se hiciera realidad. Los nervios me carcomían, me hubiese gustado haber podido seducirte de alguna manera, pensaba que simplemente yo no te atraía dela forma en que tú a mí. Veíamos no sé qué cosa en la tv, algo muy irrelevante supongo, tú estabas tan seria, con la mirada fija, con el ceño fruncido, me recuerdo que intentaba mirarte de reojo y tenía pánico: quería besarte y no podía. Me conformé con sentir un poco de tu calor, acerqué mis pies a los tuyos, en algún momento nuestras manos se rozaron, y ya no pudimos más. Fue como una electricidad que recorrió todo mi cuerpo. La ansiedad y nervios desaparecieron, y se transformó en pasión y deseo.

Tenía ganas de sentir temía, de apretar tu cuerpo contra el mío, pero a la vez te encontraba una mujer tan tierna y dulce. Me encantaba tu piel delicadamente suave. No recuerdo más detalles de nuestro intimar, mi mente me ha jugado una mala broma, y todo lo demás se vuelve nebuloso, tus gemidos, el sabor de tus besos, o la forma en que temblaban nuestros cuerpos sudorosos cuando llegamos al clímax. Me gustaría haber podido rescatar un poco de eso, y atesorarlo, pero me basta con recordar que amanecimos tiernamente abrazadas.

Estos recuerdos que, después de este fin de semana han revivido, me hacen sentir, no sé cómo. Intranquila e incómoda, porque sé que tienes otra historia e intenciones, y no me gustaría perderte, me rehúso a la idea de que nos alejemos de alguna forma. En mi mente tengo esa risa que siempre haces después de decir algo como un anecdótico, no necesariamente gracioso. Ese ha-ha-ha risueño y pueril, me provoca terneza, e instantáneamente sonrío.

He pensado que puede ser, como le digo yo, enamoramiento por proximidad. Es cuando uno mantiene una cercanía con alguien, sucede que se puede tender a confundir emociones y sentimientos. Pero yo me pregunto, ¿Tenía esto guardado de siempre? Esa es mi confusión. Llevo bastante tiempo sola, y cargo un bagaje emocional de relaciones fallidas que me pesan, acomplejan y crean inseguridades. No quiero incomodarte con mi honestidad, pero es algo que emerge en estos momentos y no puedo esconderlo. Como dice una de nuestras canciones favoritas “es difícil bailar con el diablo encima, debo sacármelo... He terminado con mi torpe corazón, esta noche voy a apagarlo y luego reiniciarlo.”



No te reprimas. Completamente anónimo.

Suscríbete a nuestra lista de correo.

Ingresa tu email y te mandaremos las últimas confesiones
Nosotros valoramos tu privacidad, nunca compartiremos tu correo con nadie.