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El Administrativo

Para la chica externa de la empresa de Fideos

Tengo que confesar que soy un caballero, trato de no ser un baboso. Treintón cartucho que no puntea en espacios públicos, siempre respetuoso de las chicas.

El asunto es que hace unos días, después del trabajo, tomé el metro para ir a ver una amiga. Son varias estaciones en esa línea que es nueva y típico todo lleno, no alcancé asiento así que me fui en el medio del vagón, de pie. Un lugar incómodo para cualquiera.

Yo venía en otra, y al ver el teléfono, me di cuenta de que frente a mi había una chica de unos 25, con su típico uniforme de empresa externa. Venía de vuelta de su trabajo. Ambos nos notamos, creo. El asunto es que, a medida que avanzabamos, la chica escondía su cabeza hacia abajo de una forma extraña, justo frente a mi. Hacía muchos movimientos raros en su asiento.

Volví a mirarla mientas el metro se movía pero nunca hicimos contacto visual, y ella siguió haciendo movimientos muy locos mientras estábamos uno frente al otro. Todo sin contacto alguno ni abusar de ella ni tampoco ser caliente.

Mi trabajo lo es todo, no tengo tiempo para conocer gente, así que esta chica y sus incinuaciones, a ratos tiernas e inocentes como las de una cabra piola de su edad, fueron suficientes para excitarme. No soy precoz, así que toda esta calentura e imaginación solo fueron el preámbulo de un sexo que nunca tuvimos, pero oiga, que mujer más bella, jovencita y atrevida. Ojalá conocernos algún día y retribuirle la alegría. Y si todo esto fue un rollo, chucha, me convertí en un tipo caliente.

Pero no sé, creo que la gente solitaria me entenderá. No a todos se nos da tan fácil como a la tonelada de infieles que andan cagándose unos a otros allá afuera. Gracias por el ratito de placer imaginado, cariños para ti, niña externa de la empresa de Fideos.



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