Nunca me aceptaron
Hace un tiempo, con 20 años, conocí al que creí que era el amor de mi vida. Nos encontramos por primera vez en una playa de otro país y todo fue demasiado mágico. El 'problema' -entre comillas porque no era realmente un problema para mí, pero sí para los demás- es que éramos de distintas clases sociales. Yo tenía auto, piscina, nana, una casa muy linda en una comuna adinerada y muchas otras facilidades económicas, y él no tenía nada. Y a mí, como ya dije, eso no me importaba, pero a su círculo y al mío sí, sobre todo a mi mamá, que desde el amor de madre y legítima preocupación, me decía que yo le inculcara a él el estudio, la ambición de salir de ahí, la organización, etc.
Ellos nunca me aceptaron realmente, siempre me webiaban por 'cuica' y cada cosa que decía era motivo de burla.
Al principio, a ninguno de los dos nos importó. Forjamos una hermosa relación, viajamos mucho y yo, siguiendo las palabras de mi madre, le pedí que entrara a una buena carrera, que estudiara, que aprendiera inglés, que trabajara e hiciera deporte. Y así lo hizo.
Estuvimos juntos durante 3 años, compartí mucho con su familia y amigos, yo me sentía una más, pero claramente para ellos nunca fui eso.
Un día, lo invité a comer sushi y me dijo que no, lo que, obviamente, me extrañó mucho. Le dije que qué pasaba, que era muy raro que me negara esa invitación, y me dijo que quería un tiempo. Me dejó de hablar y dos días después de eso me dijo que quería terminar.
La verdad, quedé devastada. Era primera vez que me enamoraba y tenía una relación. Era mi primer todo. Yo me había entregado al 100% y nadie me había advertido realmente cómo puede llegar a doler un corazón partido. Me sumí en una depresión profunda y silenciosa, porque me costaba mucho hablar de esto con mis amigos y familiares, no quería ser la latera que no había superado al pololo. Pero, en realidad, todavía no lo he podido superar del todo y ya han pasado 3 años (y he tenido más relaciones entre medio).
Y, lo peor de todo, es que su explicación fue que yo lo ahogaba con tantas exigencias, que era muy controladora y que nunca me lo dijo porque no quería pelear. Yo me sentí traicionada, ¿cómo era posible que el hombre que amaba prefiriera el silencio antes de arreglar las cosas?
Lo que más me dolió, es que él me sacó por completo de su vida. Como éramos de clases sociales distintas, no había chance de que nos encontráramos en algún supermercado, metro o mall, y yo no entendía cómo él prefería eso antes que una conversación incómoda.
Pasaron solo 2 meses hasta que él empezó otra relación con la que inmediatamente dijo que era el amor de su vida. Le decía los mismos apodos que a mí, hacían los mismos panoramas, le escribía en redes de la misma manera. Y yo ahí estaba, deprimida y muy, muy triste, y él parecía estar viviendo el mejor momento de su vida. Nunca más lo vi y solo me habló un par de veces durante la pandemia para darme las gracias por haberlo impulsado a ser mejor. Hoy ya es un ingeniero profesional, que trabaja, que sabe inglés, que hace deporte. Y, según él, eso es en gran parte gracias a mí.
Mi confesión es, en realidad, un desahogo. Después de nuestro quiebre, sus amigos -con los que compartí muchísimo- me eliminaron de todas las redes y su familia también. Para todos fue un capítulo muy fácil de olvidar y sellar, y para mí fue una de las cosas más complejas que he tenido que atravesar. No sé cómo ni en qué momento me convertí en una persona desechable.
Me metí de lleno en el alcohol, en drogas duras y en muchas cosas autodestructivas de las cuales, después de mucha terapia, ya estoy saliendo al fin. Me reinventé y, ahora, agradezco que haya pasado todo eso. Pero, al mismo tiempo, hago un llamado: si tu ex pareja fue buena persona contigo y te respetó y quiso, no tienes por qué ser tan cruel. No tienes por qué romper su corazón así. De verdad, y sin exagerar, en ese momento pensé en el suicidio.
Los amigos y familiares tampoco tienen que ser así de crueles. Si pasamos cumpleaños y muchas cosas juntos, no veía la necesidad de hacerme sentir así, tan poca cosa, tan insignificante.
No hagan lo que no les gustaría que les hicieran y punto. Si en verdad me hubiese suicidado en ese momento, creo que él siempre hubiera sabido el porqué. Y a nadie le gustaría vivir con eso.
Y eso era, la verdad. Solo quería contar mi historia. Gracias por leer.
