La historia del Abrigo
Soy abrigo, escribo ésto desde el trabajo, solo alcancé a relatar hasta lo anterior. Mil disculpas, tal vez hayan varias partes, pues necesito que entiendan cada detalle. En mi trabajo hay veces que no se hace nada y otras que puedes estar metido horas en grasa. Sólo escribo cuando estoy acá.
Cuando el señor me hizo esa pregunta, en mi cabeza sentía que él ya sabía la posición de su familia. Solo comencé a rodar el vehículo a la misma banca de dónde comenzó todo. Ya era de noche, como era la semana de víspera navideña, recién algunos locatarios y feriantes empezaban a cerrar. La señora que me había ayudado desde un principio había ordenado todo. Me vio y se acercó: 'Mijito lo estuve esperando, parece que no le fue muy bien. Yo lo he visto a él. Se queda cerca del río ubicado en *****. Por un costado, hay varios igual como él. Bueno yo ya me voy, por favor cuídese y cuídelo'. Dicho eso se metió a su vehículo y se marchó.
Respiré profundo y forzándome a sonreír le dije que si conocía alguien más (La verdad no sé por qué lo hice, sonreír en un momento así y preguntar algo estúpido). Él me dijo medio adormilado 'Lléveme pa´l rio nomás, yo estaré bien'. Tragué saliva y bueno fuimos. Pasados unos 15 minutos llegamos. La calle angosta seguía en una curva. El sector del río ausente de luces, se visualizaba como una gran mancha negra. Se escuchaba música a lo lejos y muchas risas en su interior. Lo más probable que era una buena fiesta. Pues de lo que pude ver llegaban vehículos ingresando en un camino de tierra improvisado y personas ingresando a pie. A la entrada había un pequeño bosque y en la reja perimetral un letrero que decía 'Sitio privado, prohibido el ingreso.'
Tomé al caballero y se cargó en mis hombros, ahora lo sentía más pesado. Caminamos y la oscuridad de a poco nos iba tragando. bajamos y bordeando las rejas había camino que parecía terminar en una fogata a lo lejos. El señor me dijo que no me acercara a la fogata, pues no quería molestar a nadie.
Caminamos a paso lento y ayudándose de su muleta se sentó en una piedra. Me mencionó que dejaba su manta colgada por ahí, pero no había nada. El viento ahí golpeaba en ventiscas. Creo que no me había preocupado de mi en toda esa tarde y comencé a sentir frío. Miré su ropa, unos jeans viejos, unos zapatos demasiado gastados, sin calcetas, con una polera manga larga y dos sacos puestos con su gorra tipo jockey sobre su cabeza no le veía el cómo poder resistir esto.
Mientras más tiempo pasaba con él, más mal me sentía. La impotencia de no poder hacer nada más, me obligó a retirarme para buscar cosas para él. Le prometí que volvería en unos minutos, pues mi casa estaba a solo 25 minutos de ese lugar. Lo dejé cargado en esa piedra, tragando frío y sumido en la oscuridad.
Me subí al auto, ya mis ojos no daban más. Intenté ser fuerte y lo eché a andar. Paré en alguna parte del camino a casa, solo me dio para sollozar un poco y volver a continuar.
Llegando a casa mi mujer saliendo del dormitorio me dijo si estaba bien. Le conté todo lo que había hecho y cómo habíamos llegado a esa situación. Eran pasadas las 23 horas, mi novia me había dejado un plumón color crema que no usábamos, unas mantas gruesas y preparó unos panes con jamón y queso. Recuerdo que la veía atento y vi mucho amor su actuar. Creo que sin ella no podría haber hecho nada desde un principio. Nos besamos y volví de nuevo.
Cuándo lo encontré miraba a la nada misma, yo con la linterna del celular lo saludé y le pregunté si quería comer. Había sacado mis calcetas más abrigadoras que tenía y tocando sus píes congelados se las coloqué, de seguido puse también sus zapatos. Él devorándose los panes solo miraba. Casi mecánicamente monté en el camino arenoso todas las ropas. Lo recosté y hablamos otro poco, yo igual me acosté al lado de él. Miramos al cielo y conversamos otro rato: Gracias mijo, en verdad agradezco lo que hiciste por mí. Espero no te olvides de mí. ¿ Somo amigos?' Me dijo pausadamente. 'Asi es pues don ****, somos amigos, yo me siento mal por no poder hacer nada más. Mi señora preguntó por usted pue´. Mi hija igual, están preocupados'. - '¿Ah si? La verdad yo quiero dejar de beber. A veces me ofrecen algunos muchachos y yo a ellos. Tomamos y somos felices. Me gusta andar en mi triciclo y ver a la gente pasar'. Prosiguió: ' Yo ya sabía que mi familia no me iba a querer, peleamos hace mucho con la señora de mi hijo mayor. Ellos vivían con nosotros y durante mucho tiempo tuvimos roces. Al final todos se volvieron contra mi y yo decidí irme por que no quería vivir así. Pasaron años y nunca volví. Por un tiempo mis hijos preguntaban por mi o me saludaban. A veces me daban dinero. Pero luego dejaron de hacerlo, ni siquiera me saludaban'. - ¿Y hace cuánto vive en las calles? le pregunté. - 'Creo que ya van unos doce o quince años. Luego de muchos años me puse a tomar para olvidar todo. Lo único que tengo es mi triciclo.'
Conversamos un poco más y pasada las 1 am le dije que me tenía que ir. - ' Si ***** vaya nomás. Nos estamos viendo. Voy a ver si después me uno a la fogata. Chao, cuídese'. - Caminando rápido me alejé lo más que pude.
