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La historia que sorprende

Hola, soy quitasol. Bueno, ya pasó el verano, que tal si mejor me quedo con 'Abrigo'. Será lo mejor.

Desde hace tiempo ya no escribía nada. Así que haciendo memorias recordé, algo non grato como desenlace.

Pasó en la semana de navidad de algunos años atrás, íbamos caminando junto a mi familia de tres, con el sol encaminándose al atardecer. Andábamos de la mano por el centro de nuestra comuna, la cual es muy hermosa y verde. Tras el trabajo acudimos a 'tomar algo' y comprar algunos papeles de regalo. Pasamos cerca de una banca donde un señor se tumba a mis pies. Asustado por su condición lo tomé del brazo y junto a otras personas cercanas , lo levanté. Lo volví a sentar en la banca. El pobre tenía sangre por un costado de su cabeza. Una parte de su pelo blancuzco se enrojecía de a poco. Sin darme cuenta de las 6 o 10 personas cerca solo quedaban 4, yo y mi familia y una señora que vendía peluches unos metros más allá por la vereda. Llamamos a una ambulancia.

El señor, de unos 70 años, tez blanca, largo, flaco. Con ojos azules y atontados por la ingesta de alcohol que se olía de metros. Solo decía repetitivamente: 'Déjenme acá. Estoy bien.' Una vez llega la ambulancia se lo llevan. La vendedora a mi costado me contaba que el señor llevaba años en la calle. Su único propósito era pedir dinero para seguir bebiendo, sin un futuro, ni siquiera un lugar para descansar.

Fui a dejar a mi mujer e hija. Ella me dió una manta y algo cálido para comer, creo que era sopaipillas o pan. Con un beso y un cuídate me dirigí a la posta. En ella el señor sentado en una silla de ruedas, con una aguja en su brazo y un parche en su sien. Debíamos esperar a que el suero colgado se acabará. Conversamos harto, él me contaba que era carpintero, le gustaba trabajar en eso. Pudo conseguir su casa, tener hijos. Yo le conté sobre mí. Dónde trabajaba, qué hacía, dónde vivía y mis hobbies. Paso todo rápido. Nos devoramos una hora casi conversando. La técnico le quita la aguja fríamente y me da la información a mi. Yo quedé un poco tenso. Me preguntaba: Y ahora qué sigue? Le darán albergue o algo.' Todos los de ese cesfam ya lo conocían y su situación también. Nada podían hacer.

Lo saqué en silla de ruedas y lo monté en mi auto apoyándolo en mis hombros. ¿Qué podía hacer un señor que apenas si puede caminar unos pasos, solo y sin un lugar fijo dónde dormir? Pensé. Me dirigí al cuartel más cercano, solo eran unos pasos más allá. Les detalle el problema y pues solo me dijeron que tenía que dejarlo en la calle. Ellos nada podían hacer.

Sentí vergüenza, de todo. Solo me aventé al auto y volví a la misma banca. La señora vendedora aun permanecía allí. Le relaté lo que había hecho hasta ese momento. En el vehículo el señor miraba con ojos fijos en mí a través de la ventana. Ella mencionó que la familia vivía cerca, tras conversar con varias personas en una feria navideña cercana pude llegar hasta el domicilio de su 'Familia'. Recuerdo que el caballero miraba fijo al fondo de la calle por el parabrisas. Ni siquiera intentaba mirar lo que sería su casa. Lo notaba incómodo. Le dije que hablaría con ellos para que por lo menos unos días pudiese quedarse allí.

No sé si fui demasiado ingenuo o muy optimista, pues abogaba que su familia por último sintiera pena o mencionaran un '¿Está bien?' Pero ni eso, ni siquiera se acercaron a verlo. La mujer que me atendió solo dijo que no había lugar para él. En una casa tan grande que hasta varias palmeras tenía dentro solo pude asentir a esa vaga mentira. Que ellos ya no tenían buenos términos con él. Cabizbajo me metí al auto y el pobre hombre con una tímida voz dijo: '¿Qué te dijeron?' Esa pregunta parecía ir con la respuesta grabada, él ya sabía el resultado.



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