Antipáticamente sincero
Soy el mismo sujeto de las confesiones “#29584 historia de una vida” y “#29966 mejor por otro lado” y primero que todo dar las gracias por los buenos comentarios respecto a mi forma de escribir. Fueron gratificantes y no esperaba énfasis en ese detalle más que en el contenido de las historias que la verdad solo rozaban lo laboral y que pensé por lo mismo no iban a ser publicadas jaja, pero, en fin, se agradece. Y aquí vamos de nuevo en este espacio de descargas emocionales con algo más laboral que la anterior historia de la nefasta despedida de soltero.
Resulta que llevo varios años trabajando en una empresa, cuando partí éramos un grupo que se contaba con una mano y que hicimos crecer en equipo con bastante esfuerzo. Soy súper proactivo y siempre busco optimizar procesos así que como se dice “caí parado”. Así me fui desarrollando a lo largo del tiempo entre experiencia, ascensos, cursos, viajes, cambios de puesto y obviamente de la mano a lo anterior aumentos de sueldo. Hasta ahí todo bien. Con mi jefe teníamos una relación de “amistad” pero yo nunca la llamé así, nunca he confundido las cosas y siempre me he enfocado más bien en el trabajo, pues a pesar de ser muy sociable siempre arrastro algo de escrúpulo con las intenciones de los demás. Como dicen por ahí el jinete acaricia al caballo para montarlo.
¿Cuándo comenzó a cambiar todo? Con el teletrabajo que nos trajo el estallido social y posterior pandemia. Resulta que siempre tuve a mi cargo un área super demandante que inclusive implicaba contactos fuera de horario. Sumado al estrés natural de mi trabajo veía que el grato ambiente laboral que teníamos en un grupo reducido se iba de a poco a la mierda, a la par la empresa crecía y crecía en número de trabajadores todo esto bajo este contexto pandémico.
Mi crisis llegó a un cierto límite, anteriormente a lo contado siempre di mi extra fuera de horario para solucionar problemas, así como también me tomaba algunas libertades cuando lo requería. Era un grato dar y recibir, pero a estas alturas ya no tenía fuerza mental. Comenzar el día oyendo discusiones donde solo se buscaban culpables o teniendo que dar explicaciones estúpidas a cada momento por errores humanos totalmente despreciables en mi área mientras objetivamente había cosas mucho más relevantes que atender, ya ni siquiera me hacía sentir valorado ni a gusto y hasta dudaba persecución por ese asedio constante. Debo reconocer que en algún momento me cuestioné si esa disposición negativa que llegué a sentir era solo afección personal por el contexto y entonces fui hasta el psicólogo para intentar hacer algo, pero al ver que había varios colegas muy buenos trabajadores en la misma situación la respuesta quedaba sobre la mesa.
Siempre me he caracterizado por ser bien directo y tener un sentido de justicia a flor de piel y esta vez no fue distinto. La situación ya era insostenible, andaba irritable, triste y mi esposa lo notaba a diario. Lo único que me motivaba a seguir trabajando era el sueldo y mi familia.
Fue entonces que a inicio de una jornada mi jefe convocó a una reunión donde invitó a medio mundo por algo que había ocurrido el fin de semana en mi área y comenzó a llamar la atención de una forma descontrolada. Yo por mi parte asumiendo solidariamente responsabilidad le di mi apreciación y las acciones que se iban a tomar con la persona involucrada, acciones que para él no fueron suficientes y así continuó su llamado de atención aún más hiperventilado y apuntando más a mi persona, hasta que reventé. Se lo dije delante de todos en simple con las siguientes palabras: “compadre, yo hice contrato de trabajo con usted, no con todos los participantes de esta reunión. Si tiene problemas con mi desempeño lo discutimos en privado”. Con esas pocas líneas de mi intervención al parecer sembré en la audiencia incomodidad que puso fin a la reunión, pues soy fiel a la muy básica pero certera regla de felicitaciones en público y llamados de atención en privado. Además, ya me daba asco y no comprendía la pérdida de foco en la búsqueda constante de culpables y no de soluciones en la empresa.
Mi esposa, en teletrabajo también, se dio cuenta de todo lo ocurrido y mientras yo estaba ofuscado y triste me dijo que ni toda la plata del mundo valía el verme día a día así. Así que con su apoyo y un par de cuentas sacadas se tomó la decisión y presenté mi renuncia el mismo día mientras en paralelo comencé a tirar CVs con algunos conocidos del rubro. Y bueno, la renuncia duró poco honestamente, al rato mi jefe me habló, me pidió disculpas y entre otras cosas me dijo que me estimaba, que había un afecto más allá de lo laboral, que esta nueva forma de trabajar nos causaba estrés, que él estaba muy presionado, que la confianza que me tenía lo había hecho hablarme erróneamente así, e inclusive me dio un día libre para que recapacitara y volviera con más ánimo. Me ofreció la salida de encargado de esta área demandante y en cambio otro rol más administrativo pero transversal de igual manera. La cosa es que bajo esos términos se desvaneció la idea de persecución (si hubiera sido así aceptaba la renuncia de una) le di las gracias y me quedé en la empresa porque debo reconocer que también hay afecto, historia, logros, etc.
Después de ese episodio empezó un clima de frialdad a mi persona, fui eliminado de grupos de whatsapp del equipo de dirección de la empresa que antes conformaba (ya esas alturas me valía verga en todo caso jaja), nula respuesta a algunos correos e iniciativas, entre otras cosas, mientras yo tomaba palco de los resultados de las malas decisiones (personas desvinculadas sin causa, cambios unilaterales en contratos por recortes, amotinamiento de algunas áreas, rotación interminable, etc.) así que sin miedo al éxito gestioné y tomé las vacaciones más largas de mi vida (también comentadas en la primera historia) porque tenía bastantes días acumulados y esta vez a diferencia de todos los años con una desconexión total. Con mi esposa estábamos casi seguros que al regreso se venía mi despido así que estábamos preparados para eso, pero no fue así. Aquí sigo trabajando con un solo un pequeño desazón: mi pega ahora es más lenta que patada en la luna jaja, si señor, más lenta que caracol con asma y la verdad no estoy acostumbrado a un ritmo tan bajo, pero en fin. Creo que mi jefe pensó que estaba full estresado solo por el rol y se agradecen enormemente los esfuerzos por retenerme, pero en realidad no hubo mucha autocrítica respecto al manejo del ambiente laboral. Él es de los tipos dispuestos a hace cualquier cosa por sus clientes (literalmente hablando) y cuando hay un reclamo de ellos pierde sus cabales. Yo en mi caso me lo tomo con calma pero no relajo y me saco el gorro por una frase de Richard Branson que dice: “Los clientes no son lo primero, lo primero son tus empleados. Si cuidas a tus empleados ellos cuidarán de tus clientes”. Para mí no solo es bonita la frase, es muy cierta y por esta forma de pensar distinta tuvimos más de algún encuentro. Como anécdota, una vez me comentó una queja a mi juicio injusta de una persona de otra área (esta persona se mandó una cagada laboral fuera de horario laboral, sí wn, fuera de horario entonces no hay cara para quejarse) entonces me di el gustito de decirle que el equipo de trabajo era igual a un equipo de fútbol, pero que ya tenía que dejar de buscar responsabilidad de malos jugadores y en su efecto debía buscar la responsabilidad del director técnico por el esquema de juego y no darles la posición correcta. Silencio total fue su respuesta, mientras yo por dentro pensaba, ¡ah la mierda!
Por otro lado, y dejando la lentitud actual de mi trabajo de lado, he optado por darle un reconocimiento positivo a todo lo ocurrido. Ahora apago el celular al terminar la jornada y todos los fines de semana, trabajo tranquilo escuchando música sin caer en la mediocridad, duermo ininterrumpidamente las horas que corresponden, disfruto mucho más de mi familia, dedico tiempo a mis hobbies, empecé a hacer deporte, estoy haciendo un par de cursos, siento todo más en orden y hasta me animé en contar mis historias. Hasta los muchachos de los cuáles antes era jefe me llaman y saludan en fechas como navidad, cumpleaños o a diario solo para hablar, pedir consejos o decirme que se me extraña y agradece todo lo que hice por ellos.
Así que de aquí en adelante sea lo que Dios, el Karma, la Pachamama, la OTÁN, Putin o quien sea quiera para mí. No hay mal que por bien no venga y la tranquilidad que da el intentar hacer las cosas bien y de corazón no tiene precio, ahora me doy cuenta como a diario me hacía mierda en un vivir para trabajar y no en un trabajar para vivir y puedo decir que actualmente no trabajo duro, trabajo inteligente simplemente hasta cuando sea requerido.
PD: Reconozco que siempre me han dicho que juego con fuego por decir las cosas, pero como dicen, prefiero mil veces ser antipáticamente sincero, que simpáticamente falso. ¡Ánimo a todos en este mes particularmente ajetreado! (Traté de resumir, pero no se me da jaja.)
