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Como primera cosa, quiero decir que me crié en el retail. Como es típico de los estudiantes, para parar la olla hay que trabajar y estudiar y yo lo hice en una tienda de servicios de entretenimiento, que hasta ahora es bien famosa.

Como trabajadora, tuve que atender personas desagradables, peticiones imposibles y tratar con jefes que siempre se creían más que uno porque podían mandar y yo no. El caso es que, con paciencia y hartas ganas aprendí que el retail a la larga puede ser una buena experiencia en la vida, y que con un poco de entusiasmo puedes aplicar las mismas normas que te piden en el retail a cualquier trabajo que implique atención al público.

No les voy a mentir, a veces uno quiere mandar a la cresta a ciertas personas, pero en general los clientes son buenas personas, mientras no sientan frío, no tengan deudas y no tengan hambre. Esos... bueno esos son monstruos, no personas.

Bueno, hace un par de días yo era de esos clientes: de los que tienen hambre. HARTA.

Estaba en un McDonald esperando que me atendieran y sólo tenía tarjeta de débito. Me quedé en la fila pacientemente porque, bueno, uno sabe que cuando no te atienden de inmediato están ocupados. Uno simplemente lo sabe.

Pero la cosa es que ya llevaba 10 minutos esperando y sólo había una niña frente a la caja armando un pedido, digamoslo, con cara de pava. Como tenía cara de pocos amigos, esperé un poco más, pero me di cuenta que se estaba armando fila... y nada bueno resulta para nadie cuando se arma la fila.

En ese momento, escuché la dulce voz del otro cajero, el que no atendía con tarjeta (sólo efectivo) y pregunta piolamente 'oye, que onda la otra caja?' y la niña que le armaba los pedidos a su lado le dice 'no cacho...' apunta a un reponedor y le pide que agarre la caja. El reponedor mira con cara de nada y dice "lo que pasa es que a la niña de esa caja no le gusta"; levantó sus hombros y se fue para atrás.

Yo habré trabajado en el retail, pero wn, tenía hambre, no había ni un otro lado cerca para comer y lo mínimo es que alguien te pregunte 'oiga señora que xuxa quiere, le ayudo en algo?'.

Así que hice la pregunta que todos temen: oigan chiquillos ¿dónde está el encargado del local?. Los lolitos como que se congelaron. Lo apuntaron y estaba seguramente en su tiempo de colación.

Le pregunté si estaba descansando y me dijo que no, así que le pedí que por favor me atendiera alguien... ALGO!

A esa altura hasta había cambiado mi pedido por algo más básico y harto más barato, porque lo veía listo en el mesón.
Cuento corto: la mina que estaba armando frente a mí, sí, la de la cara de pocos amigos era la persona que atendía la caja...me mira después de que el jefe le dice algo y me pregunta 'si?'.

Me dieron ganas de pegarle...

Lo peor de todo es que al final hice mi pedido, lo pagué, lo dejaron armado a medias, le entregaron el pedido a dos personas que venían detrás de mi mucho antes y por supuesto toda la gestión que uno sabe que puede hacer el jefe del local simplemente no se hizo.

Mi conclusión es la siguiente: las agentes de retail se quejan siempre de que los tratan mal y que la gente es rota, etc, pero cuando la gente no se queja, o se queja educadamente, la atención es como la wueas.

Y después esta misma juventud sale a llenar cargos de más responsabilidad y no hace bien la pega. Después, todos se quejan.
Como comentario final, una advertencia. Sí, uno se puede quejar en el retail, hablar con el jefe y todo el asunto, pero recuerde que especialmente cuando el otro le prepara la comida no vale la pena ser prepotente.



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