Ahora no saben
Me gustaría contarles que crecí en una población, no vulnerable, era una población pobre con todas sus letras.
Crecí así, en calle de tierra en verano y de barro con piedras en invierno, con un único par de zapatos que servía para todo: ir a la escuela, hacer educación física, ir al centro o a la Iglesia y los usaba hasta que se rompían en la punta y se iba saliendo el dedo gordo o hasta que se abría la zuela y parecía que quería comer.
No teniamos juguetes asi que jugabamos con tierra, piedras, a los super campeones y obviamente a la pelota. Lo pasamos genial sin ningún juguete y dentro de todas las carencias fui muy, muy feliz.
En la Navidad, el viejito pascuero pasaba, pero por la otra población de más arriba, nunca por la nuestra así que habiamos chocado con la realidad desde que teníamos conocimiento. Para nosotros no había magia en Navidad.
Crecí dentro de tanta pobreza pero mis padres nos dieron educación y nosotros le pusimos empeño por lo que ahora soy profesional.
Acá viene mi dolor. Soy un adulto con familia, con dos hijos que no han tenido esa experiencia de pobreza. Me di cuenta que esta Navidad aprendieron a pedir, con todas las expectativas de que aquello solicitado lo tendrán si o si. Son unas figuritas de acción de una película, una para cada uno.
Pero a mi me duele eso... me duele no en el bolsillo, me duele como en el corazón. Mi esposa me dice que es por las carencias de mi infancia, que es porque no sé lidiar con las esperanzas tan inocentes de mis hijos.
Quizás ella tiene razón, quizas no, pero me estoy tendiendo a sentir triste en estas fechas por lo que piden mis hijos. ¿Porqué me siento así? Insisto, no me duele el bolsillo por si aca ya que les compramos los regalitos con todo cariño. Es otro tipo de dolor, similar al que me embarga en sus cumpleaños, que les celebramos en familia pero con una linda torta, globos y algún regalito, cosas que en mi infancia jamás tuve...
Es muy extraño esto, porque por mí, con todo mi amor yo les diera el mundo entero, entonces no entiendo esta pena.
