La esposa sonriente
Esposa... Amarra leve que nos; ata las manos
a un firme amor sereno tendido en nuestras vidas.
Detrás, fuente anegada, quedó un beso escondido.
Esto tenía que suceder. Yo lo sabía.
Dormida te contemplo, crepúsculo sonriente,
realidad que a mi pecho recuesta la cabeza.
Cada vez que mis brazos te estrechan con deseos
se te llenan los ojos de una inmensa tristeza.
Esposa... Anillo de oro, promesa de trigales
que limpiaré mañana de la oscura cizaña.
Los chicos, en la huerta, jugarán con las aves.
Los mayores... iQuién sabe si aún estarán en casa!
Mi abuelo fué labriego. Yo también quiero serlo.
En el campo conozco que me mejoro mucho.
¿Será porque en los pueblos hallo junto a tu imagen,
la imagen de mi negra vida de trotamundos?
Mi corazón estaba cansado de buscarte,
y sin embargo, apenas nos sorprendió el encuentro.
Conversabas con una compañera de escuela
que murió al poco tiempo.
Me dijo: “Hace diez años que lo aguarda esta casa,
todos hablan de Ud., tal si lo conocieran”.
Se fué, No la vi más. Dios la habia mandado
para que te cuidase hasta que yo volviera.
Espejo de mis altas aspiraciones, miro
mi porvenir en todas tus secretas ideas.
Si tú me lo pidieses sería heroico y grande,
pero tú no me pides nada más que te quiera.
Esposa... Guía de uva rosada que nos liga,
puerta por donde pasa mi amor hasta tu alcoba.
Si no me hubieses dicho que me querias, iay!
quién sabe en qué país me encontraría ahora.
