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Hace más de 15 años trabajé en una empresa importadora. Me desempeñaba en el sector contable y año tras año fui ascendiendo debido a mi capacidad. Era una empresa pequeña de 80 trabajadores con buenos sueldos y muchos beneficios. Hasta que un día, siendo yo jefe de cobranzas con tiernos 21 años, me llaman a una reunión ya que había un cliente muy difícil de cobrarle.

Era el boom de las construcciones de puentes y carreteras, y una compañía que se dedicaba a comprarnos sellantes para las carreteras, tenía una deuda de más de 300 palos.

EL gerente de finanzas me dice que ubique al dueño de aquella compañía y lo cite a una reunión. Me costó ubicarlo y cuando concretamos la reunión lo trataron súper mal, lo presionaban por los pagos y lo obligaron a firmar 36 letras más por la deuda y si no comenzaba a pagarla, no le vendíamos más materia prima. EL vendedor, por ganarse la comisión, igual le seguía vendiendo y yo no podía cobrar porque el tipo era muy pillo. Simplemente no quería pagar.

Nueva reunión, más incómoda aún, con tonos elevados en la conversación, hasta que hicimos un coffee break y en ese instante el dueño de aquella empresa y el gerente de finanzas de la mía se acercan y se ponen a conversar sobre el campeonato de golf del fin de semana pasado. Hablaban de un asado y de sus familias.

¡Los muy maricones eran amigos y se veían todas las semanas! Obviamente en esa venta de sellante corrían comisiones y coimas hacia todos lados, desde el vendedor al gerente. Menos hacia mi obvio, un simple mortal que no pertenece a la élite inepta del país que se reparten los dineros con el sudor de los verdaderos trabajadores.

Al final el tipo pagó, de a poco eso sí, y cuando yo renuncié los después le dije al gerente de finanzas que era un chanta apitutado. A los 2 meses lo despidieron.



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