La encuestadora
Hace un par de años atrás trabajé unos días encuestado personas que transitaban en pleno centro de Santiago. En ese tiempo yo estudiaba, estaba bien bonita y tenía pololo así que era feliz.
Los días eran normales hasta que una mañana un hombre joven alto de lentes me saludó y se acercó. Con mucho respeto y algo nervioso me dijo hola, que no quería incomodar, pero que quería conversar conmigo. Me pregunto si podía caminar junto a mi, yo le dije que estaba trabajando, pero si quería hablar no había problemas. El estudiaba en la U Católica, yo en la Usach, y como me aburría a veces en el trabajo, se me hacía simpática su compañía.
Hablamos de filosofía, del lenguaje, de Santiago, de libros, de la educación y temas que en ese tiempo me interesaban harto.
El tipo tímido tenía unos penetrantes ojos azules, y una agradable manera de expresarse con su voz y sus manos.
Hablamos toda la mañana, el me decía que yo le gustaba mucho, que era la mujer de sus sueños, que podríamos hasta casarnos y tener hijos. Habia una atracción física e intelectual muy potente.
Pero yo le dije que, estaba pololeando y que era muy feliz con mi pareja. Que aunque el me gustara mucho, ya tenía a un hombre en mi corazón. Así que bueno, se puso un poco triste. Caminando habiamos llegado hasta el parque Almagro. Solo mirarlo a los ojos sentía que estaba en las nubes. Así de fuerte y absurdo era, así de rápido e intenso. En un momento nos acercamos a punto de darnos un beso, pero yo le dije lo siento, tengo que volver al trabajo. Y fue así, que nos despedimos. Me dio su número de teléfono en un papelito pero lo perdí. Nunca más lo volví a ver. Hoy me acordé de él. No recuerdo su nombre, tal vez el tampoco del mio. Me pregunto qué hubiera pasado si te hubiese dado una oportunidad.
Si esta historia pudo ser algo más o fue una simple mañana como cualquier otra
