Aceptación social
Soy una mujer en sus treinta y tantos. Estable en todos los sentidos de la palabra, estresada y con un torbellino de sentimientos producto de la pandemia y el encierro, como todos, pero aún así feliz y agradecida de que no me falta el trabajo ni el amor de mi pareja y familia.
Sin embargo, hace poco recibí una noticia que me devastó. Uno de mis hijos, el de en medio, me confesó que es trans. Eso me derrumbó por completo. Y no me derrumbó por completo porque piense que es enfermo, o porque no lo acepte o porque ya no lo amo. Me derrumbó porque sé lo que se viene. He visto y leído lo que significa ser transgenero en este mundo.
Me derrumbó porque puedo adivinar que mientras muchos leen esto, ya están pensando en calificativos ofensivos. Me derrumbó porque he leído de la violencia y los crímenes transfobicos. Él, ahora ella, es mi adoración, y me aterra saber que el día de mañana va a salir a la calle y podrían incluso matarla. Me gustaría meterla en una burbuja y que no salga de ahí, pero es imposible.
