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Así no más!

Recuerdo que alguna vez le mandé una foto de la luna en mi fase favorita, teñida de rosa cálido, de cuando el día acaba despejado, y el cielo se muestra en hermosos colores que te hacen suspirar.

Suspiré, los suspiros me recordaban a él. Tomé el teléfono, capturé los colores lo mejor que pude y se la envié. No recuerdo si fue la única que le mandé, o si le envíe otras, de otras lunas, de otros atardeceres, del mismo cielo, pero de suspiros distintos. Ya no lo recuerdo, tampoco recuerdo exactamente que me acercó a él, que fue lo que no esquivé. La mirada que me dio, la palabra que me dijo, la risa que me contagió y que me hizo caminar cada vez más cercana a su brazo.

Quizás fuese algún mal chiste, de esos cortos y aburridos que a veces soltaba, o algún dato sobre legislación, que amablemente respondía a mis consultas sobre su campo profesional. Tal vez fue la manera en que sus párpados se curvaban cuando reía, los surcos que se formaban en los extremos de sus ojos cafés, o la forma de su mandíbula, que la primera vez que la vi me pareció tan prominente y masculina...



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