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La diosa

Corría el año 2000, yo estaba en segundo medio, en un colegio de puros hombres y llegó ella... 'La miss', era jovencita, entre 22, 23 años, tes mate, pelo largo cobrizo, ojos verdes, boca carnosa, nariz pequeñita, y con todo bien puesto. Era exquisita, una diosa. Todos en el colegio se revolucionaron, desde los profes hasta los alumnos. Por cada pasillo que pasaba ella, quedábamos todos babosos. Mirarla caminar con jeans era un regalo. Estaba hecha a mano. Obviamente se transformó en el icono de nuestras fantasías juveniles y yo iba al colegio, solamente para verla. Cuando pasaba por mi lado en la sala, olía su perfume. Me tenía loco, enfermo. Y no solo a mí, a muchos. Ese año me fue la raja en inglés. No falté nunca a clases y si faltaba pensaba en ella todo el día.

Llegó fin de año y la echaron, dicen las malas lenguas que se comía a uno de cuarto “el elegido por la diosa” Llegué a odiar a ese weon, ¿Cómo tuvo tanta suerte de comerse semejante mujerón? Bueno, la cosa es que le perdí el rastro. Nunca más supe de ella, pero siempre fue “la mujer ideal” para mí. Pasó el tiempo, estudié, me casé y formé familia.

Con mi señora empezamos a tener problemas de intimidad. Ya casi no teníamos sexo y todo andaba mal. Nos separamos y luego de un tiempo he tenido algunas amigas, pero nada formal. Resulta que hace un mes, más menos, y por esas casualidades del destino, me encontré a la diosa en un supermercado. No estaba seguro si era ella o no. Tenía el mismo cuerpo, el mismo pelo, los mismos ojos hermosos, pero con la mascarilla no se cachaba mucho. Me saltó todo. Me armé de valor y le hablé. Le pregunté si había hecho clases en tal colegio y si se acordaba de mí. Me dijo que no se acordaba de mí, pero que era ella, la “miss”. Estaba igual, como si no hubiese envejecido. La misma carita linda, el mismo cuerpo de diosa. Más mujer, obviamente, de infarto. La cosa es que la esperé y nos fuimos juntos al estacionamiento. Ella prendió un cigarro y se sacó la mascarilla. Todos los recuerdos de mis 15 volvieron.

Era la misma diosa que me volvía loco solo con olerla. Su perfume me tenía enfermo. Le miraba boca y me pasaba mil cuentos por la cabeza. Volví a ser un adolescente hormonal. Llegué a babear. ME tenía tan loco que le pregunté qué perfume usaba. Se rio y me dijo el nombre. Me contó que ya no hacía clases, que se dedicaba a otras cosas y que estaba casada, con hijos. Menos mal que no se casó con el pelotudo de cuarto, se casó con otro pelotudo suertudo. Le pedí el Facebook y me lo dio. Se fue y me quedé sentado en el auto tratando de controlar mis hormonas. Cuando pasó un rato me devolví al mall y compré el perfume. Llegué a mi casa, llamé a mi amiga para que nos juntáramos y ella fue. Le regalé el perfume, le dije que lo usara esa noche y ella lo hizo. Creo que nunca había tenido tantas ganas en mi vida. Estaba hot, demasiado hot. Obviamente pensé en la diosa mientras lo hacíamos y fue uno de los mejores sexos de mi vida. Mi amiga quedó feliz, me dijo que nunca la había hecho sentir tantas cosas.

Igual me siento un poco culpable, pero no lo puedo evitar. Miro las fotos de la miss y me vuelven todas las ganas. No le ha hablado, ella tampoco. No sé que hacer. Tampoco sé si ella este tan dispuesta como yo. ¿Qué hago? ¿Cumplo mi sueño y me la juego con la miss? ¿Me hago el tonto y la sigo espiando por face?



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