La historia del chacal
Cuando tenía 21 años, era estudiante de Pedagogía, fuimos con un grupo de estudiantes de distintas áreas a hacer trabajos voluntarios para niños y de infraestructura a Chiloé, a un pueblo llamado Queilen. Éramos alrededor de 30 personas. Llegamos a un internado mixto. Todo iba bien hasta que después de unos días se nos ocurrió jugar a la Huija. Sólo jugamos las mujeres, nos guiaba una de las voluntarias mayores que ya había jugado antes.
Nunca debimos hacerlo, lo que vino después fue horroroso, habían pelotas de fútbol en el comedor y mientras dormíamos esos balones los tiraban como jugando, al ir a ver no había nadie. Se escuchaban rondas, llantos y gritos de niños en la noche, pero solo habíamos adultos. Nos movían los camarotes muy fuerte en la noche, nos despertaban. Nos tocaban la cara manos pequeñas y heladas. Las niñas del grupo estaban aterradas, lloraban en la noche y comenzaron a compartir cama de puro miedo. Juntamos todas las literas como una forma de protegernos. Lo peor fue que las conductas de algunas personas cambiaban, una de las chicas se quiso suicidar, otros lloraban en la noche muy angustiados, habían parejas de adultos consolidadas que eran nuestros guías y de pronto peleaban mucho.
Hicimos averiguaciones con la gente de la zona y nos contaron que años atrás en un paseo en bote unos niños se ahogaron mar adentro. Iban con adultos que no los socorrieron, solo murieron niños, dicen que pudo ser intencional y lo pasaron como accidente. Hubo cuerpos que nunca se encontraron, por lo tanto, no hubo sepultura. Le contamos lo que hicimos y nos dijeron que eso no se hace en esos lugares ya que hay muchos espíritus, brujos y almas sin rumbo. Se acuerdan de un crimen macabro que ocurrió en Queilen donde un hombre mató a tres personas con un hacha incluido su padre y lo escondió en su propia casa en una leñera??? Era el Chacal de Queilen.
Eso pasó al frente del internado donde estábamos y esa hacha nos la prestaba el vecino para cortar leña. Eso ocurrió después de que nos fuimos. Pasaron muchas cosas extrañas, terminado el voluntariado ya nadie quería quedarse, pero siempre pasaba algo que hacía que nuestra vuelta a Santiago no fuera posible, el bus estaba malo, no había gestiones del municipio, etc.
Hay muchas cosas más que contar, no todo fue tan malo, fue una experiencia inolvidable y maravillosa, pero hay cosas que no se deben hacer, no son juegos de niños.
