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La gallina de la muerte...

Soy Asistente Social y cuando recién comencé a trabajar, lo hice en un pueblo rural al interior de La Serena. Me gustaba mi trabajo. Íbamos a rondas semanales a los lugares más apartados y se iban generando lazos con los usuarios; sobretodo los dismovilizados, cuyas visitas eran hasta que partían a la otra dimensión.

Desde pequeña he sido muy perceptiva y tengo facilidad para conectar desde las energías, pero lo que vi en este trabajo nunca se ha vuelto a repetir.

Don Segismundo era su nombre. El cáncer estómago le cobró todo lo que quizás debía. Sufrió mucho. Su familia era evangélica. La visita que realizamos con la enfermera de cuidados paliativos coincidió con su agonía. Ya no hablaba y toda la familia lloraba. Estaba en sopor. Nosotras en silencio acompañando a la familia, cuando de pronto el espectáculo macabro comenzó y una gallina empezó a girar aturdida, tratando de volar y escupiendo sangre por el pico. La esposa dijo: 'esto es cosa del demonio y no lo dejaremos entrar'. Un frío recorrió mi columna y mi amiga enfermera me tomó de la mano y se puso a rezar. Yo sólo recordaba las historias de terror que me contaban mis abuelos y quería arrancar...



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