De las experiencias se aprende
Hola a todos, mi confesión se basa en una experiencia laboral, lamentable, aunque de aprendizaje, algo que, claramente no comprendía, hasta que pasó tiempo.
Llegué a una empresa por licencia de una trabajadora, una de esas que se consiguen después de finalizar el post natal, se suponía sería por 15 días, finalmente, ella llegó cercano a los 3 meses. El punto es que el mismo día que llegó, nos dijeron que yo me quedaba y trabajaríamos juntas, algo que, evidentemente no le agradó, puedo decir que amaba sincera y profundamente mi lugar de trabajo, hice buenos contactos con colegas y clientes que eran antes de la persona que reemplazaba, quienes fueron muy amables e incluso hasta hicieron una petición para que se quedaran conmigo y no volvieran con ella, viví alegrías y comodidades, hasta que llegó ese día.
Todo cambió, ella era muy imponente, un carácter fuerte y de miedo, literalmente, me hacía daño a diario, no había semana en que no la finalizara llorando o llegara angustiada a la casa porque al otro día debía volver a verla y sabía que su actitud no cambiaría. Me exponía ante los clientes, si decía algo ella lo cambiaba delante de todos y me desautorizaba cuando se le ocurría, me ridiculizaba y enviaba a donde quería porque siempre me consideró una especie de ayudante, casi una persona de mandados, más que una colega y compañera de labores, dejaba su cartera en la mesa principal, sobre la mía y así todas sus cosas, al final yo debía dejarlas en la silla o casi en un rincón. En fin, esto fue casi a mediados de año y “trabajamos juntas” hasta fin de año, me ninguneó como quiso, incluso, cuando había juntas grupales con otros colegas de la empresa que apenas los veíamos, “hablaba por mí”; “ella es la que vino a reemplazarme y al final se quedó, no sé por qué...”, entre otras frases desafortunadas, claro, para mí.
Al año siguiente, no nos dejaron juntas, Dios mediante, fui liberada de esa “maldición” aunque siempre me sentí tranquila, porque sé que jamás hice nada más que solo aparecer en la empresa, y bueno, siempre me decían que me habían dejado por algo, tanto mi jefa directa como mis colegas y clientes. Y bueno, cuando está la vocación, igual eso mueve montañas, porque si bien ella era mala conmigo, porque realmente era una persona mala, incluso, y para cerrar la historia, me “sacó” del grupo de amigas en el cual estaba con colegas de la misma área, siendo líder de todas y excluyéndome de las juntas, lo bueno es que de otra área conocí personas maravillosas de las cuales aún somos amigas(o) y mantenemos contacto. Como decía, lo de la vocación, me encariño con mi pega y siempre hay prioridades, no podía dejar a la clientela sola y desorientada, menos si coincidíamos tan agradablemente y eso era parte de la alegría que me daba ir día a día a trabajar.
Tal como lo mencioné al principio, comprendo el por qué de lo que viví, pues así aprendí lo horrible, desagradable y repugnante que es, ser partícipe de una experiencia de esa índole, lo que propicia en mí, evitar, por sobre todas las cosas, comportarme o sociabilizar de tal modo con alguien, especialmente en el trabajo, de una forma en que la(lo) haga sentir incómoda(o), pues sé cómo es y por más fuerte que sea la persona, el sufrimiento (del modo que sea) daña la mente y perturba la sanidad mental, algo que en estos días, tiene más valor de lo que pensamos.
