Señor pastel
Esta historia empezó cuando conocí a un hombre encantador. Me gustó de inmediato, pero lo encontré un poco abrumador, invitándome a cenar y de viaje. Yo venía saliendo de una pseudorelación con un cacho que finalmente tenía polola embarazada, pero ese es otro cuento.
Me tiré a la piscina después de varios meses de vernos sólo los fines de semana en un antro y solo conversar y bailar. Bueno, comenzamos una relación y pucha, me enamoré del gentleman. Me pidió matrimonio después de unos meses en un concierto de Inti Illimani, mis ídolos, con anillo y todo, pero ahí mismo empezaron los problemas a los que yo, la muy ilusa, les bajé el perfil.
Ese día insistió en que uno de los músicos, (¿cachai?) me miraba mucho, que si yo lo estaba mirando para que él se tomara ese derecho, plop! Primera decepción de una seguidilla de buenos momentos mezclados con pinceladas de malos momentos que empezaron a inclinar la balanza hacia el lado oscuro. Si iba a la pelu, que por qué me había tardado tanto, que en ningún lugar se demoraban tanto en atender y me aplicaba la ley del hielo por una semana, dándome solo los buenos días y silencio el resto de la jornada.
Cuando alguna amiga iba a visitarme, él nos atendía mejor que garzón; picadillo y vinito para amenizar, pero terminaba sentado metido entre nosotras y no podíamos hablar tranquilamente. Mi espacio ya había sido invadido, pero yo ciega. En una ocasión me compré un vestido hermoso, pero a él le pareció muy llamativo. No me lo cambié ni nada ese día, pero me sentí como el culo y dejé de usarlo.
El saco de pelotas ya estaba logrando su cometido.
Mientras tanto, mi familia lo amaba, porque era tan educado y simpático, y no cachaban que era un manipulador narcisista. Seguidamente, empezó a insistir en que el papá de mi hija no fuera a nuestra casa, que no le parecía bien y que mejor se encontraran en otros lugares a sabiendas de que él vivía en otra ciudad. Obviamente no lo pesqué; a esas alturas yo ya estaba chata. En una de las visitas, se enojó conmigo por reírme a carcajadas con el papá de mi hija mientras nos tomábamos un café los dos solos, porque Sr. Pastel se había retirado a trabajar, taimado, al dormitorio.
De su familia yo poco o nada sabía, sólo que tenía hermanas y su mamá; todas de otra ciudad, barrio alto. Finalmente descubrí que él nació en una comuna muy populosa y popular de la capital y no en la comuna abc1 que había mencionado y su familia era pobre; se avergonzaba de ellos el gran señor, gerente general de una empresa relativamente conocida, acá en la zona.
¿Qué tiene de laboral mi confesión? Pucha, que para remate el gerente hacía mal la pega en el ring de 4 perillas y se fue despedido por bajo rendimiento y prácticas antisindicales.
