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Buen contador

Hace algún tiempo ya, tenía la contabilidad de mi negocio en un estudio contable, valga la redundancia. Ahí, en esa oficina había un contador joven, estaba estudiando o recién iniciándose. Era uno de los tantos niños que le ayudaban al contador en jefe de la oficina. Nunca lo miré con otros ojos, pero sí lo encontraba bastante apuesto y muy respetuoso y caballero. Atributos que, en lo personal, me fascinan de un hombre.

Con el tiempo, este joven se retiró. Con el paso de los años la oficina cerró y yo tuve que buscar otro contador. Estuve un buen tiempo con una señora que me llevaba los papeles, pero no era igual. No estaba abierta a las consultas que uno como contribuyente pudiese hacer; ni menos tenía voluntad para resolver los problemas que en toda organización se pueden presentar. Me tenía chata la vieja.

Así como un día, comentándole a una colega comerciante, le conté que estaba en busca de otro contador, de alguien que, al menos, tuviese voluntad. Así como me dio el dato de su contador. Me dijo que era un tipo muy profesional, respetuoso, responsable y siempre muy abierto a atender cualquier inquietud que uno tuviera. Hice el contacto con el profesional, quedamos de juntarnos para atender la situación y los detalles para que él llevase mi negocio. Y cuando lo veo llegar, era el mismo joven que yo miraba en la oficina de mi antiguo asesor, pero esta vez se veía guapísimo. Han pasado 10 años desde la última vez que lo vi. Él en ese entonces tenía 20 y yo 30. Pero ahora, tan bien vestido y presentado; con su cabello corto, barba muy bien afeitada, camisa ceñida al cuerpo (se nota que hace ejercicio) y un perfume que me dejó babeando. –Hola, yo a Ud. la conozco – me dice muy galán. Yo a esa altura entregada al alboroto de mis hormonas al verlo tan hombre, tan varonil y con el mismo encanto de siempre, lo saludo muy nerviosa y, creo hasta haberme sonrojado. A mis casi 40 años, con dos hijos, nunca en la vida me había sentido así por un hombre.

Ya llevamos varios meses de relación comercial, tenemos mucha confianza, nos tratamos de “tú” y nos coqueteamos todo el rato. Él tiene una hijita y es separado hace dos años. Me ha confesado que no quiere involucrase en una relación. Sé que me mira con gusto. Yo, a mis 40 años, estoy muy bien conservada, soy delgada, alta, de pelo castaño, ojos azules y tengo todo muy bien puesto; no me voy a hacer la humilde con eso. Y cada vez que me reúno con él para ver los temas contables, siempre voy muy guapa a visitarlo, me gusta hacerlo. Y me encanta como me mira. Igual sospecho que le gusto. Él a mí me gusta mucho. Pero el tipo es muy profesional y veo que por ese lado no me va a ir muy bien. Supongo que nunca se querrá involucrar con una clienta.

¿Qué hago? ¿Me arriesgo y me confieso? ¿O debo seguir llevando bien las relaciones comerciales?



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