Mucha verguenza
Siempre fui una persona reprimida, pudorosa, no podía defecar en cualquier lugar que no sea el baño de mi casa, y no por un tema de higiene, sino porque me daba verguenza que me escucharan o peor sintieran mal olor. Hasta que un día en el trabajo empecé con fuertes retorcijones, sentí que era mi momento de defecar, pero no podía ir a mi casa en horario de trabajo. Decidí aguantar hasta que me di cuenta que la expulsión de caca era urgente, hablé con mi jefa le pedí permiso para ir hacer un trámite corto, le dije que no demoraría mucho.
Me fui rápido a tomar colectivo, mientras caminaba sentí que no podía retener más, mi cavidad anal se iba expandiendo, sentí como salía un bulto caliente entre mis nalgas. Por segundos quede inmóvil, no sabía qué hacer. Me había CAGADO.
