Gracias por la vida
Eran los 90's y la navidad siempre fue un periodo ajustado para nosotros, así que nunca pedíamos regalos con mi hermano porque sabíamos que no llegarían. A lo más recuerdo que una vez pedí un libro de mitología griega que aún conservo (más de 15 años), un cubo rubic que murió con los años y una muñeca Barbie y un Ken que me regaló mi abuela uno cada año, con mucho esfuerzo. Me llegaban regalos igual, pero no los compraba mi papá, se los daban en su empresa, así que siempre había sorpresa, como el primer personal stereo o el primer equipo mini de música, y me enteré de eso ahora de grande. Y recién comprendí que de verdad vivíamos con lo justo.
Bueno, yo a los 13 años empecé mi propia tradición. Juntaba los cien pesos de la mesada de los viernes y compraba chocolates y dulces, armando paquetes para mi papá, mamá y hermano, con un mensaje navideño, que colgaba en el árbol. Sentía la necesidad de darles algo, de retribuir mi cariño con un presente sencillo, dentro de mis posibilidades.
¿A qué vengo con esto? Los regalos son eso, un presente, un muestra de afecto que le das a los tuyos. Te preocupas y esmeras en qué sepan los amas en un día especial, dónde estar en familia es lo más importante.
Hoy mi abuela no está, mi papá enfermó de covid, pero logramos este año seguimos reuniéndonos y darnos regalos, ahora con más presupuesto, pero con el mismo cariño de siempre. Y agradeciendo de estar juntos y con salud.
