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Sin prejucios

Hace tiempo que leo esta página y leyendo algunos relatos me animé a hacer una confesión. Hace algunos años, cuando había salido recién del colegio, entré a trabajar a una famosa a una pizzería. Era un local de una cadena grande. Como no tenía estudios, acepté trabajar por turno y con una paga baja, pero estaba bien pues esa plata era para mí. No tenía mayores gastos, vivía con mi mamá, una tía y mi hermano chico y estaba haciendo un preuniversitario, así que me conformaba con esa paga.

El trabajo en la pizzería era realmente vertiginoso. Teníamos que estar concentrados y no teníamos muchas opciones de socializar. Cuando llevaba un par de semanas, comencé a conocer a mis compañeros, cuando terminábamos los turnos, a veces se iban a tomar cerveza a un local cercano y me invitaron. Me empecé a llevar bien con casi todos. La mayoría éramos jóvenes, salvo un par de personas mayores y el jefe de local, un tipo al que todos le tenían miedo porque era muy enojón y no se le pasaba una. Me habían advertido que lo mejor era tenerlo de amigo, porque la gente que se le atravesaba duraba muy poco.

Lo empecé a pasar muy bien, nos reíamos mucho con mis nuevos compañeros, se había formado muy buena onda porque con el grupo que hicimos coincidíamos en gustos, teníamos realidades más o menos similares y, la verdad, a pesar de que la pega era tediosa, lo pasábamos bien. Yo empecé a pinchar con uno de los chicos. Nada serio, solamente miradas, risitas y mandarnos memes y leseras durante el día. Un día, así como de la nada, este chico me dice que lo echaron porque lo habían acusado de haberse mandado una embarrada que no hizo. Además, el jefe de local nos empezó a separar, ya no coincidíamos en los turnos y se puso muy pesado. Sin embargo, conmigo era un amor. Cualquier cosa que le pedía, como irme un poco antes, quedarme poco rato en caja (me carga ser cajera!), el accedía.

Me di cuenta que le gustaba. Yo lo encontraba guapo, pero no era mi tipo, lo encontraba muy viejo para mí (tenía como 30 y algo y yo 20), quería relacionarme con alguien de mi edad pues yo no tenía mucha experiencia con hombres. Sin embargo, empezamos a conversar más. También fuera de la pega nos mandábamos mensajes, nos agregamos a redes sociales y todo bien. Un día, cuando cerramos local, nos despedimos y nos dimos un cunetiado, muy chistoso porque fue mi culpa y no fue intencional. Me puse roja y me arranqué, pero a partir de eso, el empezó a ser más explícito en su interés hacia mí. Me escribía que le gustaba, que me encontraba hermosa y que quería invitarme a salir. Cuando estábamos en el local, pasaba por detrás de mí y me tocaba la espalda muy sutilmente, o me pedía algo y me tocaba la mano. Nos mirábamos con deseo. Nos encontramos en la bodega y le di un beso, muy corto y me arranqué. Yo creo que lo tenía medio desesperado y solo me reía pa mis adentros pues me hacía de rogar no más.
Todo cambió cuando le conté que era virgen. Desde ese momento, literalmente me rogaba que saliéramos, que me iba a tratar como una princesa y que lo pasaría excelente, como nunca antes. Empezó a darme puros turnos de cierre y al final, un par de veces, nos besamos después de cerrar. Yo igual estaba con el bichito de perder la virginidad porque ya todas mis amigas lo habían hecho y yo todavía no. Entonces, pensé que quizás este tipo me podría iniciar, pues se notaba mucho que era lo único que quería y yo no tenía pololo ni nada parecido hace rato.

A estas alturas, lo único que me quedaba de buena onda del local era este jefe. Ya todo mis ex amigos me odiaban y pelaban porque me trataban mejor y tenía muchas regalías. Pero no me importaba, porque ya había dado la prueba e iba a dejar la pizzería a fin de mes, para luego entrar a la U. Por eso, un día fui a la oficina del jefe y me acerqué mientras él estaba con un lote grande de papeles, me senté en sus piernas y le metí la mano por debajo de la polera y lo besé. Quedó loco. Le dije al oído que nos quedáramos en el local después de cerrar, que quizás lo podríamos pasar bien. Él no quería esperar, me empezó a tocar y yo, por supuesto, me arranqué nuevamente. Estoy segura que me maldijo por hacerle eso. Estuve todo el día mirándolo, pasaba por detrás de él y le tocaba el trasero muy despacio y le escribí en una servilleta que me gustaba. Él ya no podía más. Le dijo a todos que hoy día tendría que cerrar más temprano, porque vendrían a sanitizar y revisar inventario (mentira). Así que, como dos horas antes del cierre, estaban todos felices yéndose y el jefe cerró el local, conmigo adentro.

Yo nunca había intimado con un hombre. A lo más, había tocado sus partes y me habían tocado a mí, pero siempre con ropa. Entonces, le dije que me fuera enseñando porque no sabía muy bien qué y cómo hacerlo. Él estaba feliz, se notaba. Me partió besando por todos lados y puso unas ropas y cosas en el suelo. Me dijo que me dejara llevar no más y que estuviera tranquila. Empecé a experimentar cosas que nunca antes. Yo me había tocado a mi misma, pero esto era otra cosa. Cuando me empezó a hacer oral, literalmente me oriné del placer. Era muy rico. No sé si puedo escribir estas cosas acá, así es que voy a limitarme a contar que me hizo de todo y yo me dejé. Me puso de todas las formas y fue espectacular de rico.

Me pidió cosas que, ahora entiendo, que no son tan habituales, pero creo que el se aprovechó de mi poco conocimiento para normalizarlo y pienso que fue lo mejor. Si hubiese tenido prejuicios sobre algunas de las cosas que me hizo hacer, tal vez no las habría hecho o habría sido menos entregada. Ahora, mirando al pasado, creo que fue un gran profesor, porque las parejas que he tenido celebran mi “generosidad” y yo lo sigo pasando super bien. Esa es mi confesión y también mi recomendación: dejen sus miedos y prejuicios fuera de la cama. Enjoy!



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