Unas cachetadas cambiarno todo!
Tengo un drama interno que a esta edad (46) no debería tener... o tal vez sí. En el año 1987, teniendo 13 años, un compañero de curso me confidenció que sospechaba que la profesora de lenguaje tenía algo con el profesor de ed. física, dado que eran muy cercanos y se iban juntos en el auto de ella. Por mi inmadurez reconozco que lo comenté con dos compañeras y hablamos el tema varias veces. Y de hecho pensábamos qué drama tendría ella si su esposo la pillara. El cuento al final era todo mentira (de hecho el profesor es gay).
Sin embargo, un día en clases ellas por el morbo que eso causaba fueron a acusarme donde la profesora diciendo que yo había inventado tal cosa. Me llamó adelante, me gritoneó y me preguntó si era cierto que yo había dicho el rumor. Opté por la verdad. Entre varios gritos de histeria, la profesora me golpeó dos veces delante del curso. Todos se horrorizaron, pero no me di cuenta.
Me llevaron a la oficina de la dirección, donde fui objeto de nuevos retos y delante de la directora la profesora volvió a golpearme. Luego salió y yo me quedé conversando con la directora y la subdirectora, comprometiéndome a cambiar mi actitud y reconociendo mi error. Luego la profesora entró nuevamente y me mostró el libro de asistencia, donde constaba que ella y el profesor vivían en el mismo edificio y que eran amigos. Le contesté que entendía y que había sido un error. Ahí contestó con la cuarta cachetada. Las directoras aprobaron el castigo.
Mi curso armó una protesta y se desordenaron tanto que al final de la clase la misma directora fue a retar al curso entero y me humilló cuanto más pudo. recién ahí exploté en llanto. Cabe señalar que mis notas no eran las mejores, pero tenía buen comportamiento y nunca repetí curso.
Mis padres no se atrevieron a denunciar al colegio y actualmente mi golpeadora tiene un alto cargo en la corporación de educación de la comuna. Yo desde ese episodio crecí creyendo que cada cosa que me pasaba, que cada agresión que sufriera era por mi culpa y que de todo ello era merecedor. Incluyendo mi vida laboral, familiar y afectiva. A ello se sumaba que yo había sido abusado sexualmente a los diez años.
Crecí con una autoestima en números rojos, porque yo valía, según yo, menos que la nada. Me costó muchos años aprender que yo no era tan poca cosa.
Hace unos días vi la imagen de esa profesora y el rencor, infortunadamente, volvió. No puedo dejar de pensar en ello y no sé cómo enfrentarla y de una vez perdonarla (no sería capaz de vengarme). Me aterra pensar que ella haya hecho algo así con más niños y espero sinceramente que no.
Cuando mis jefes me felicitan por mi buen trabajo, tiendo a pensar que exageran, no terminan mis dudas acerca de mí. Pero luego analizo y me doy cuenta que en realidad he podido lograr cosas.
Sólo pido a Dios que ese rencor desaparezca, pero pucha que cuesta.
