¡Creo que nací para vivir en cuarentena!
Antes que el covid apareciera en Chile, yo había tomado la decisión de tomarme el año 2020 sabático, por lo tanto dejé trabajo y me dediqué en cuerpo y alma al cuidado de mi madre y mi hija. Así transcurrieron los primeros meses, muy agotadores porque debía llevar a mi madre a médicos, exámenes (padecía un cáncer), y se sumaba la carga escolar de mi hija, como es pequeña prácticamente me convertí en su profesora.
Cuando llegó la pandemia, todo el ajetreo de ir y venir, conducir horas de madrugada para llevar a mi madre a médicos se convirtieron en atenciones en casa, los médicos venían a verla, los exámenes se los realizaban en el domicilio, le traían los medicamentos, hasta el odontólogo la atendía en casa, jamás había sentido tanta preocupación y alivio porque por varios años, me hice cargo de todo, ser mujer independiente conlleva una gran responsabilidad.
Como no estaba recibiendo honorarios fui beneficiada con los bonos del Estado, poco dinero pero bastaba para pagar servicios básicos.
Luego, me contactaron para trabajar en una universidad de México, todo online obviamente y acepté porque podía hacer la pega en horario libre. Pronto, otra universidad en Chile me contactó para realizar tutoría virtual y también acepté porque necesitaba tener algunos ahorros para cuando las vacas estén más flacas. El trabajo principalmente lo realizaba por las noches y durante el día las labores domésticas y cuidado/atención de mi madre e hija.
Así transcurrieron los meses hasta que hace muy poquito, mi madre se tuvo que realizar una transfusión sanguínea común, era de rutina producto de su cáncer, se fue relativamente bien pero noté algo raro en ella que me preocupó, le dije 'cuando vuelvas vamos a celebrar tu cumpleaños' faltaba una semana para su cumpleaños, ella me respondió 'no creo que esté viva para esa fecha'.
Se hospitalizó y la esperé porque generalmente regresaba como al tercer día, de pronto el médico me llama y balbucea y me explica con un lenguaje muy técnico y poco legible bla bla bla, le digo que sea más directo y honesto y me lanza una granada 'su madre va a vivir sólo 1 semana más a lo mucho, por favor convénsala de que se vaya a casa para morir en compañía y no sola en el hospital'.
La llamé con el corazón hecho mil pedazos porque no quería que ella se enterara de su situación, le rogué que aceptara el alta del médico porque la extrañamos mi hija y yo pero ella me dijo 'voy a quedarme aquí y no me iré a casa, porque no quiero que mi niñita (o sea su nieta) me vea morir' Le respondo que a mi hija la enviaré unos días a otro lugar para que no vea lo que sucederá. Así fue como mi madre accede a venir a casa, le instalan oxígeno, preparamos todo para que llegue.
Fue un tormento su agonía, su lucidez me impresionó porque nunca perdió la cordura, me dio instrucciones para su velorio y funeral, me dijo que en realidad no deseaba morir porque no quería dejarme sola, pero su cuerpo estaba cansado.
Le pedí incansablemente que no se muriera que no podía dejarme pero ya estaba sufriendo. Llamé al médico para que me autorizara a darle más morfina porque su sufrimiento me partía el alma, el médico me autorizó y lo hice.
Después de eso almorzó, se sirvió postre, durmió como un ángel y no regresó. No lo podía aceptar, busqué signos vitales y nada. Sólo me acurruqué a su lado.
Hoy en día, sigo trabajando vía e-learning, estoy realizando cuarentena muy rigurosa, vivo sola con mi hija, estoy con una depresión que intento ocultar, la cuarentena me favorece porque es la excusa perfecta para no tener que convivir con otras personas.
Sé que el próximo año tendré que trabajar fuera de casa pero me he acostumbrado tanto a esta soledad que no imagino cómo será, me preocupa y genera pánico volver a relacionarme con el resto. Mientras tanto me aferro a mi pequeña, de vez en cuando nos vamos a ver el atardecer en la playa, vivo cerca de la costa e intento ser buena madre.
