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Muy asustadinho
Les cuento mi vergüenza internacional en Río de Janeiro.
Fui de vacaciones y, como me creo choro, quise hacer el tour del teleférico que pasa por arriba de las favelas (el del Complexo do Alemão). Yo iba medio urgido, porque había visto muchas veces Ciudad de Dios y Tropa de Élite, así que iba con los ojos bien abiertos, pasándome rollos.
En una parte del trayecto, miro hacia abajo, a una azotea, y veo a tres tipos, sin polera, apuntando hacia la cabina del teleférico con unos tubos largos y negros.
Me bajó el pánico. Me tiré al suelo de la cabina gritando: '¡Cuidado! ¡Tienen lanzacohetes! ¡Al suelo concha...!', agarrando a mi polola para protegerla.
La gente en la cabina (había unos brasileños y una señora mayor) me miraron con cara de '¿y a este qué le pasa?'.
La señora, muy tranquila, me tocó el hombro y me dijo en portuñol: 'Amigo, levántese. No son armas. Están instalando la fibra óptica para el internet'.
Me paré rojo como un tomate, me sacudí el polvo y pasé el resto del viaje mirando mis zapatillas. Mi polola hizo como que no me conocía hasta que llegamos al hotel. Me sentí el turista más pavo del mundo.
Personas simples
Trabajo en el cuidado de pacientes terminales en el barrio alto y, en una ocasión, me tocó asistir a una casa muy bonita, pero sin ostentación ni lujos evidentes. Me recibió una familia pequeña: el dueño de casa, un hombre que realizaba las labores del hogar como cocinar y hacer aseo, y sus dos hijos, ambos profesionales, de bajo perfil y trato muy sencillo que incluso se visten como ropa de marca del pueblo.
Por la dinámica que observé —que entre ellos se organizaban para todo y que no había personal de apoyo— asumí, quizás de forma apresurada, que era una familia humilde, muy sencilla, educada, cercana y simple en su forma de vivir y relacionarse. Incluso me llamó la atención lo amables que eran conmigo, que me sirvieran la comida y que todo se diera de manera tan natural.
En una conversación casual, el caballero comentó algo como que 'siempre habían sido los cuatro y nadie más', lo que reforzó aún más esa percepción que yo tenía. Para mí, eran personas sin ostentaciones, con una casa bonita, pero sin una gran situación económica aparente.
Con el tiempo, y desde mi propia curiosidad —esa necesidad humana de querer saber a qué se dedican las personas con las que uno convive laboralmente—, un comentario muy simple de la señora sobre haber vivido en el norte me hizo asociarlo mentalmente a la minería. Más tarde, buscando información, me enteré de que el dueño de casa es un hombre multimillonario, con importantes inversiones en Chile y en el extranjero, principalmente en el rubro minero.
La verdad es que la sorpresa fue enorme. Nunca imaginé que una familia tan sencilla, cercana en el trato y con conversaciones tan simples y cotidianas entre ellos tuviera detrás una realidad económica tan grande. No había autos lujosos, ni demostraciones de riqueza, ni ningún gesto que apuntara a eso.
Esta experiencia me hizo reflexionar profundamente sobre los prejuicios, las apariencias y cómo, muchas veces, asociamos erróneamente la riqueza con la ostentación. Me sorprendió —de una buena manera— encontrar tanta sencillez, humanidad y bajo perfil en alguien con una fortuna tan grande, y ellos no saben que me enteré a lo que se dedica su padre.
A la moda...
Confieso que por tratar de dármelas de "aesthetic", hoy hice el ridículo de la vida.
Me acuerdo hace un años... era bien pendeja... jajaja... Estaba en la piscina del edificio, aprovechando el domingo antes de volver a la pega mañana. Quise sacar la típica foto de las piernas bronceadas a la orilla del agua, con un juguito al lado, para subirla a Instagram y dar envidia.
Cuento corto: calculé mal el ángulo, se me resbaló el celular de las manos y... plop, directo al fondo de la piscina... era de esos mas antiguos no tan aprueba de agua.
Tuve que tirarme un piquero de emergencia, con ropa, lentes de sol y todo, para rescatarlo. Salí estilando, con el celular chorreando agua y con todos los vecinos mirándome con cara de "¿y a esta qué le dio?".
Trate de secar el teléfono con arroz y rezando para que prendiera... por suerte prendio!... Por darmelas de influencer terminé humillada y casi desconectada. El karma es instantáneo, cabros.
Con todo respeto...
Confieso que el otro dia... con 33 grados en Santiago, sentí la brecha generacional pegar fuerte.
Llegó el practicante nuevo a la oficina. Un cabro de 22 años. Yo, como buen 'viejo' de 35, ando con camisa manga larga y pantalón de tela, sufriendo la gota gorda por ser 'profesional'.
El compadre llegó con shorts de mezclilla y chalas. Chalas po.
Mi primera reacción de viejo vinagre fue pensar: 'Oye, qué falta de respeto, dónde está la formalidad'. Lo miré feo toda la mañana.
Pero salimos a almorzar y, mientras yo sentía cómo se me pegaba la camisa a la espalda transpirada y se me cocían las piernas, lo vi a él caminando al lado mío, fresco como una lechuga, ventilado y feliz.
Ahí entendí todo. El ridículo no es él por andar cómodo; el ridículo soy yo por seguir códigos de vestimenta del siglo pasado con este clima infernal. El cabro es un visionario y yo soy un envidioso.
Una historia simple
Me acordé de algo que me paso hace muuuchos años, pero siempre que me acuerdo me da risa... Estaba esperando colectivo y vi que uno paró justo al frente mío. Yo, sintiéndome el elegido de Dios porque llevaba 20 minutos esperando al sol, me acerqué corriendo, abrí la puerta trasera con toda la personalidad y me senté.
Le dije fuerte al chofer: 'Al centro, porfa'...
El chofer se dio vuelta lento, me miró con cara de confusión y me dijo: 'Amiga... estoy esperando a mi señora que viene saliendo de la farmacia. Este es mi auto particular, no es colectivo'.
Me bajé roja como un tomate, pedí perdón balbuceando y caminé cinco cuadras rápido para que no me viera esperando locomoción de nuevo.
Trabajo al aire libre.
Como todos saben, ayer estuvo todo el dia algo nublado y despues llovio. El asunto es que por orden medica, uso un bloqueador solar especial para mi cara, debido a un tipo de rosacea que padezco. La cuestion es que ayer con el agua de la lluvia, el bloqueador se disolvio y comenzo a correr agua de color medio blanquecino por mi cara, eso genero que un par de colegas se largaran a reir y me tiraran la talla 'para que te pones bloqueador si esta nublado' yo solo me rei, pero no fue de la talla, sino de lo ignorantes que pueden ser las personas y por sobre todo de la situacion, porque quisieron hacerme sentir como si fuese tonto, aunque igual debio ser chistoso verme asi jajaja.
No soy de dar explicaciones o contradecir a la gente, no me interesa la verdad. Pero ultimamente ya no me acomoda no decirle a le gente lo que pienso o que estan equivicados. Todo el mundo sabe que los rayos UV actuan de igual o de una forma mas compleja cuando el dia esta nublado, es cultura general. Asi como el ciclo del agua que te lo pasan en basica y que a pesar de eso, hay personajes re creativos que quieren contar los cursos de agua a nivel pais para abastecer a la poblacion. La idea es que el agua no se pierda en el mar jajaa xd
A moverse más!
Reflexión sobre la confesión 81324
Por vueltas de la vida, acompañé a una persona a un centro de salud, como un cesfam. Llegamos muy temprano porque iba por unos exámenes. Cuando empezaron a llegar los funcionarios (fueron unos 10 minutos de gente saludándose), me llamó la atención que gran parte de ellos, tanto hombres como mujeres, tenían sobrepeso o obesidad.
Justo después leí la confesión de la amiga que trabaja en salud y que invita a usar más las escaleras y moverse más.
Irónicamente, recordé a los funcionarios de la mañana y pensé que su consejo estaba muy alejado de la realidad que presencié hoy o usar las escaleras no sirve, o ella es la única que sigue esa técnica y no es un estándar entre las personas de su area.
No visito mucho los centros de salud, por lo que mi apreciación es puntual y no sé si se da en otros casos. Sin embargo, me dejó pensando en que, como sociedad, nos movemos poco, pero el problema no termina ahí. Cuesta alimentarse bien y mantener la motivación siendo adulto, a pesar de que conocemos los efectos perjudiciales y ya los empezamos a notar quienes tenemos 40 años o más.
El cochinote...
Confieso que acabo de terminar mi mes de pega en un 'Team de Verano' de una marca de bebidas. Sí, de esos que volvieron con todo a las playas este año.
Fue una experiencia súper buena, harta plata, bronceado gratis y hartos eventos, aunque igual hay que tener paciencia con los jotes. Pero lo que les quiero contar es el susto (y la risa) que pasé el último fin de semana en Reñaca.
Estaba en la playa... reventado de gente, yo tratando de pasar con la bandeja de muestras gratis entre las toallas, cuando de repente siento algo firme en mi trasero. Un 'agarrón' con todas sus letras, descarado.
Me di vuelta hecha una furia, con la cara roja de rabia, lista para pegarle una cachetada al degenerado o funarlo ahí mismo a grito pelado. Bajé la mirada buscando al culpable y... me encontré con dos ojos cafés gigantes y una cola moviéndose a mil por hora.
No era un tipo. Era un Golden Retriever mojado que me había empujado con el hocico porque quería que le tirara su pelota de tenis.
Pasé de la rabia asesina a la ternura en un segundo. Terminé jugando con el perro y toda la gente alrededor muerta de la risa. Menos mal fue el perro y no un pastel, porque o si no la historia terminaba en comisaría. Gran verano...!
Problemas de peso
Leí a la amiga amarga... la que comentó que por tomar jugos Kapo íbamos a terminar todos obesos. Oye, qué manera de ponerle color y no entender nada.
Entienda una cosa: el problema no era el jugo. Nosotros nos tomábamos UNO en el recreo o cuando la mamá nos daba unas monedas, era un premio, una ocasión especial, no era agua de uso diario. Además, después salíamos a correr, a jugar a la pelota, andábamos en bici todo el día. Quemábamos esa azúcar en 10 minutos.
El problema real son los hábitos de ahora. Hoy a los cabros chicos les dan de todo para que no hinchen: galletas, papas fritas, bebidas de 3 litros y pasan todo el día echados viendo TikTok sin moverse.
No le echen la culpa a un jugo humilde que tenía menos azúcar que un Koyak. La obesidad viene de la mala crianza y el sedentarismo, no de un Kapo de frambuesa que uno se tomaba feliz una vez a las quinientas...
Nada es igual...
Leí al amigo de los Kapo y se me desbloqueó otro recuerdo sagrado... 'Rayita'.
Ese bizcocho alargado era la gloria máxima en los recreos de la básica. El otro día, de puro nostálgico al verlos en un negocio, me compré uno para probar.
El envase se veía igual, pero el sabor... pucha, una decepción. Lo sentí seco, chico, con gusto a químico.
Ahí entendí que quizás la receta es la misma, pero el que cambió fui yo. Uno no extraña el pastelito en sí, extraña la felicidad de comérselo a los 8 años, sin preocupaciones y con toda la vida por delante. Ese sabor dulce vive solo en la memoria... snif... snif... LOL
