El profe enamorado
Hola, a estás altas horas de la madrugada, no puedo dejar de pensar en ti. Así es. Imagino que mañana comenzarás tu día haciendo clases en tu colegio, cómo yo en el mío. Tu en el mar y yo más cerca de la montaña, tu entre cerros y yo entre metro y mucho smog.
Que puedo hacer si te imagino en cada momento, en lo que leo de ti, en la admiración que me generas, esa personalidad llena de vitalidad, pero al mismo tiempo con ese compromiso social que se desprende de todo lo que haces.
Pienso en hablar en cada momento contigo, en tomar ese café que te pregunté si podría invitarte, conversar de tus experiencias, de las mías, compartir un libro o hablar de educación, viajes y gatos (increíblemente sigo hasta tu gato chico, ese michi negro que puede sospechar de mis intenciones).
Más allá de imaginarme esa situación, soy un completo desconocido en tu vida, aunque una red social nos conecte, cómo una raíz que tiene frágiles cimientos. Soy un desconocido, pero al menos para mí, eres el motivo de mis pensamientos. Tu seguramente continuarás haciendo tus clases y presidiendo el comunal de nuestro gremio. Yo estaré tomando un café escuchando Kevin Johansen y como sería cantarte la 'cumbiambera intelectual', hablar de Gramsci o de Paulo Freire. Criticar la educación bancaria, las lógicas mercantilistas del simce, pelar a Skinner y Vygosky.
En fin, es difícil explicar porque me gustas tanto, sin siquiera haberte visto. Aunque confieso, espero que me digas: estoy en Santiago, tomemonos un café. Esperaré ?
